Se recrudece el debate sobre la construcción de una planta solar en los olivares andaluces

Los promotores solares y las autoridades regionales insisten en que las megaplantas son necesarias para ayudar a España a alcanzar sus ambiciosos objetivos en materia de energías renovables. Los olivicultores no están de acuerdo.

En el corazón de la zona olivarera de España se está recrudeciendo el conflicto entre las ambiciones en materia de energías renovables y una tradición agrícola centenaria. 

El Plan Nacional de Energía y Clima del país establece el objetivo de instalar 76 gigavatios de capacidad fotovoltaica para 2030, de los cuales se espera que 57 gigavatios se alcancen con paneles solares fotovoltaicos montados en suelo.

Estos paneles suelen instalarse como parte de proyectos a gran escala, que normalmente requieren cientos de hectáreas.

¿No sería más adecuado dar prioridad a la ubicación de estos parques solares en desiertos, tejados, embalses, lagos, estanques y otros espacios no cultivables, dada la escasez y el carácter finito de la tierra fértil? — Juan Vilar, director ejecutivo de Vilcon

En Andalucía, la mayor región productora de aceite de oliva del mundo, que cuenta con casi 3000 horas de sol al año, el gobierno regional ha aprobado la instalación de 25 megaplantas solares en 5500 hectáreas de olivares.

El anuncio provocó protestas por parte de los agricultores locales en las provincias andaluzas de Jaén y Córdoba, convirtiéndose Lopera, en Jaén, en un punto álgido.

Dos promotores solares han propuesto múltiples proyectos solares cerca de Lopera, una pequeña localidad dedicada principalmente al cultivo del olivo, que, según estimaciones de los activistas, cubrirían 1.000 hectáreas de tierra cultivable.

Véase también: Investigadores estudian las sinergias entre los paneles solares y los olivares

A pesar de haber recogido más de 128 000 firmas para pedir una moratoria sobre la tala de olivos y la instalación de energía solar en la región, la organización de la sociedad civil SOS Rural ha afirmado que el Gobierno tiene previsto seguir adelante con el plan.

«El gobierno regional alega que la tala de olivos cuenta con el apoyo de la sociedad y cumple con la ley, pero SOS Rural les recuerda que hemos recogido más de 122 000 firmas en nuestra campaña contra la tala, que a muchos propietarios se les han expropiado sus olivos por la fuerza, y que la ley que el gobierno [del presidente andaluz Juan Manuel Moreno] utiliza como escudo es profundamente inmoral», afirmó Natalia Corbalán, portavoz nacional de SOS Rural.

De hecho, el gobierno regional ha declarado que los proyectos de energía renovable son de «interés público», lo que permite a las autoridades andaluzas iniciar procedimientos de expropiación contra quienes se niegan a ceder. 

Los activistas prevén que las plantas solares previstas podrían suponer la tala de unos 42 000 olivos, aunque las autoridades estiman que la cifra se acerca más a los 13 000.

La posible pérdida de olivares tiene implicaciones de gran alcance. Según la cooperativa local de aceite de oliva La Loperana, la pérdida de 500 hectáreas de olivos supondría una pérdida de más de 3 millones de euros en salarios y ventas de aceite de oliva. 

La cuestión de la expropiación ha desatado una tormenta política, y 50 agricultores afectados de Jaén se han reunido con un grupo de diputados regionales de extrema derecha del partido Vox. 

La controversia también ha llevado al partido de izquierda Podemos a salir en defensa de los agricultores, uniendo a ambos extremos del espectro político contra el conservador Partido Popular andaluz, con elecciones previstas en menos de un año.

En respuesta a la creciente reacción, las autoridades andaluzas defendieron el proceso, insistiendo en que la ubicación de las plantas solares es responsabilidad de las empresas privadas implicadas en el proceso, y que hay una variedad de factores, entre ellos la disponibilidad de conexión a la red y los recursos solares, que desempeñan un papel significativo en la decisión de dónde se ubican. 

A pesar de la fuerte polémica pública, Juan Vilar, director ejecutivo de Vilcon, una consultora del sector del aceite de oliva con sede en Jaén, afirmó que las plantas solares ocupan actualmente un pequeño porcentaje de las tierras agrícolas fértiles del país, pero que esto ya es demasiado. 

«España ocupa el séptimo puesto mundial en superficie de parques fotovoltaicos instalados en tierras fértiles. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, estos parques ocupan el 0,2 % de la superficie agrícola útil, unas 50 000 hectáreas», declaró a Olive Oil Times.

«Para ponerlo en pers­pe­ti­va: España es el cuarto mayor pro­du­ctor de pi­sta­chos a nivel mundial, y los par­ques foto­vo­l­ta­icos cubren casi el 60 por­cien­te de la sup­er­ficie que ocupan los pi­sta­cho­eros en la huella agri­cul­tural del pa­ís», añadió Vilar.

Los activistas también han destacado que los olivares tradicionales y centenarios desempeñan un papel significativo en los esfuerzos globales para reducir las emisiones de dióxido de carbono asociadas al cambio climático

«[Los olivares tradicionales] permiten eliminar de la atmósfera 5,5 kilos de dióxido de carbono equivalente por cada kilo de aceite [sin envasar] producido», afirmó Lázuli Fernández, de la Universidad de Jaén, que está investigando la capacidad de captura de carbono de los olivares.

Por su parte, Vilar destacó además el daño potencial que la sustitución de cultivos productivos y tierras de cultivo por parques solares a gran escala podría causar a la seguridad alimentaria. 

«Según un informe de Snapshot, los parques fotovoltaicos cubren actualmente 1,3 millones de hectáreas de tierra cultivable en todo el mundo», afirmó Vilar. «Eso equivale a la superficie plantada con melocotoneros, el décimo cultivo permanente más importante a nivel mundial». 

«En otras palabras, utilizar esta tierra fértil para parques solares en lugar de plantar melocotoneros impide la producción de más de 22 millones de toneladas métricas de esta fruta», añadió. «Tomando los melocotones como cultivo representativo, la tierra cubierta por parques solares podría, de otro modo, producir 3.500 millones de kilogramos de alimentos al año, suficiente para contribuir de manera significativa a alimentar a los más de 900 millones de personas que padecen hambre cada día». 

En cambio, Vilar cree que debería prestarse más atención a la instalación de energía solar en tejados y en terrenos marginales que no son aptos para la agricultura. 

«¿No sería más aprop­iado da­r pri­ori­dad a la u­bi­ca­ción de estos parques so­lares en desiertos, tejados, embalses, lagos, estanques y otros espacios no cultivables, dada la escasez y el carácter finito de la tierra fértil?», se pre­gun­tó.