El tipo de grasa podría ser la clave para tu falta de motivación a la hora de hacer ejercicio
Las investigaciones arrojan luz sobre el papel que el consumo de grasas puede desempeñar en la dopamina y, por consiguiente, en tu motivación.
El cerebro funciona mediante una serie de transmisiones de señales entre las neuronas y, a su vez, libera determinadas sustancias químicas en el organismo, conocidas como neurotransmisores.
Una dieta rica en grasas saturadas, independientemente del aumento de peso y los cambios metabólicos relacionados, reduce la sensibilidad a los efectos gratificantes y locomotores de la AMPH.
Una de estas sustancias químicas es la dopamina. Considerada la sustancia química que impulsa la recompensa y el placer, es también el neurotransmisor que desempeña un papel importante en la motivación y en el grado en que estamos o no motivados para completar una determinada tarea, como levantarnos del sofá e ir a correr.
Y aunque los científicos conocen desde hace tiempo esta relación y llevan años investigando el papel y los efectos de la dopamina, nuevas investigaciones ofrecen información sobre el papel que el consumo de grasas puede tener en este neurotransmisor y, en consecuencia, en tu motivación.
En un estudio publicado por la Universidad de Montreal, los investigadores demostraron que las ratas que consumían un exceso de grasas saturadas presentaban una disminución en la liberación y la señalización de dopamina mesolímbica. El consumo de grasas monoinsaturadas no arrojó los mismos resultados.
De hecho, el estudio demostró que la ingesta de lípidos saturados puede suprimir la señalización de la dopamina, lo que conduce a una disminución de la motivación. Al comparar esto con la ingesta de una cantidad equivalente de grasas monoinsaturadas, los resultados mostraron que este tipo de grasas puede proteger contra estos cambios y mantener mejor la propensión natural del cuerpo hacia la recompensa y la motivación.
Desde hace tiempo se sabe que el consumo de grasas en la dieta puede contribuir a problemas de salud física, como las enfermedades cardiovasculares y la obesidad. Sin embargo, se han publicado menos investigaciones sobre sus efectos en la salud mental y la función cerebral. No obstante, la tendencia creciente a utilizar la grasa como combustible y sus aparentes beneficios para aumentar la energía han llevado a los investigadores a comprender mejor el impacto de la grasa en el cerebro.
Una de las áreas en las que se ha observado este efecto es el sistema de circuitos de recompensa del cerebro. Aún no se comprende del todo el mecanismo exacto por el que las grasas saturadas alteran la química cerebral, pero algunos investigadores observan que funciona, en parte, modificando la expresión de los genes relacionados con la dopamina. Esto, a su vez, afecta a la forma en que el cuerpo recibe y envía señales relacionadas con la motivación y la recompensa.
Poniendo esto en contexto, la investigación ofrece más pruebas de la necesidad de reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta, no solo desde el punto de vista de la salud, sino también para permitir un mejor funcionamiento del cerebro en lo que respecta a la motivación y la recompensa.
El consumo de grasas saturadas, que contribuye a la obesidad, es también uno de los principales factores que provocan la falta de motivación, lo que podría tener un impacto en actividades que requieren un alto nivel de motivación, como el ejercicio físico. La falta de motivación y de ejercicio perpetúa aún más el problema potencial de la obesidad, y así se alimenta el ciclo.
La ingesta de grasas monoinsaturadas podría proteger contra estas pérdidas de motivación, por lo que se recomienda encarecidamente el consumo de aceite de oliva y otras fuentes de grasas monoinsaturadas.