El aceite de oliva está perdiendo su lugar en la dieta tunecina
A pesar de una cosecha excepcional, el fomento del consumo interno de aceite de oliva en Túnez no ha figurado entre las prioridades.
SI LLEGAS a Túnez desde el extranjero, lo más probable es que aterrices en el aeropuerto de Cartago, en Túnez. Si te diriges hacia el sur, entre los olivos, encontrarás vallas publicitarias que promocionan el aceite de girasol.
Túnez es el segundo mayor productor de aceite de oliva del mundo, después de la Unión Europea, y se le considera una estrella en ascenso del sector, pero la política del Gobierno se ha centrado únicamente en impulsar su aceite de oliva en el extranjero, mientras que la población local se decanta por aceites más baratos para mantener su poder adquisitivo. En las mesas tunecinas, los aceites de semillas refinados han ido sustituyendo poco a poco al aceite de oliva, la única grasa alimentaria que la población local conocía antes.
Este año, se estima que el consumo interno de aceite de oliva se reducirá a solo 50 000 toneladas, lo que supone unos 4,6 litros por persona. El uso doméstico del aceite de oliva representa un pequeño porcentaje de las 260 000 toneladas previstas de la cosecha actual.
Serán necesarias campañas para revertir la tendencia negativa e informar a los consumidores tunecinos sobre los beneficios para la salud del consumo del aceite de oliva de su propio país, y para devolver al aceite de oliva el importante lugar que ocupa en la dieta tunecina, en aras de su salud y su integridad cultural.
Esto solo ocurrirá si el esfuerzo cuenta con el respaldo de una firme voluntad política. La próxima ocasión podría ser la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se celebrará el 21 de diciembre. Quienquiera que gane no debería olvidar incluir en su agenda política las medidas necesarias para aumentar el consumo de aceite de oliva en Túnez.