Un llamamiento a un riego más inteligente
Los expertos afirman que los olivicultores deben aceptar «que la clave para mejorar la productividad de los cultivos y, en última instancia, la sostenibilidad agrícola, reside en una gestión más eficiente del riego».

Según investigadores españoles, el uso de satélites o de aviones y helicópteros «a escala» controlados a distancia para inspeccionar los olivares podría ser una de las claves para un riego más inteligente.
Los datos de temperatura obtenidos ayudarían a los productores a dividir las plantaciones en zonas según las probables necesidades de agua. A continuación, podrían instalar solo unos pocos sensores en cada una de estas zonas para controlar mejor el estrés hídrico de los olivos y regar en consecuencia, reduciendo así el consumo de agua y mejorando la calidad del aceite, según los científicos del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla.
Como miembros del grupo de Riego y Ecofisiología de Cultivos del instituto, reconocen que no todos los productores tendrían los conocimientos necesarios para interpretar los datos de los sensores, pero sugieren que la tecnología moderna podría volver a ser la solución. Las cooperativas, por ejemplo, podrían contratar a un experto para gestionar los sensores y analizar sus datos, y luego enviar consejos específicos a cada agricultor —a través del teléfono móvil— sobre cuánto y cuándo regar. Estos sistemas ya están en funcionamiento en algunas zonas de España.
En un artículo publicado por Interempresas, los investigadores afirman que el riego se utiliza cada vez más en las plantaciones de olivos y que los conocimientos sobre cómo utilizarlo de la mejor manera posible son cada vez más sofisticados, pero no llegan lo suficiente a los agricultores.
El riego por déficit regulado (RDI), que consiste en programar ciclos periódicos de estrés hídrico, es el sistema más utilizado en las aproximadamente 2,3 millones de hectáreas de plantaciones de olivos de regadío en todo el mundo.
«Esto no se debe solo a que a menudo haya escasez de agua en las regiones olivareras, sino también a que es el método que ofrece la mejor productividad de los cultivos. En otras palabras, el mayor ingreso neto por unidad de agua utilizada para el riego», señala el informe.
«Permite lograr un ahorro significativo en el consumo de agua (que oscila entre un 25 % y un 60 % en reducción de costes) sin afectar de manera significativa a la producción y, en muchos casos, con notables mejoras en la calidad del aceite».
«Sin embargo, cualquier estrategia de riego, si se gestiona mal, puede reducir significativamente el rendimiento de los cultivos y, además, acortar la vida útil de la plantación. Por eso se necesitan conocimientos y equipos adecuados para gestionar el RDI con habilidad y precisión, en particular para monitorizar el nivel de estrés hídrico de los olivos», advierten los expertos.
El artículo continúa evaluando los diversos métodos de medición del estrés hídrico y concluye con un llamamiento a un cambio de actitud por parte de los olivareros para que acepten «que el camino hacia una mejor productividad de los cultivos y, en última instancia, hacia la sostenibilidad agrícola, pasa por una gestión más eficiente del riego».