La prohibición de exportar afecta al sector del aceite de oliva libio

La prohibición impuesta a las exportaciones de aceite de oliva en 2017 tenía por objeto proteger el mercado de la producción nacional. Los productores afirman que está teniendo el efecto contrario.

Tras años de optimismo derivado de los planes del Gobierno para reforzar el sector del aceite de oliva del país, especialmente en los mercados de exportación, los productores libios de aceite de oliva luchan ahora por sobrevivir.

Muchos afirman que esto es consecuencia directa de la prohibición de exportación impuesta en 2017, que está teniendo un impacto negativo en la industria del olivo.

En Libia hay suficiente producción. No entiendo por qué ya no podemos exportar. — Zahri Al-Bahri, productor libio de aceite de oliva

La restricción de las exportaciones de aceite de oliva se debió a una aparente escasez de suministro de aceite de oliva para el mercado interno. Esto se ha atribuido a las exportaciones a granel a precios bajos, que el Gobierno considera que no aportaban valor añadido a la economía libia.

Esta escasez ha provocado un aumento de las importaciones de aceite de oliva extranjero a precios más elevados para satisfacer la demanda interna. Posteriormente, el Gobierno prohibió las exportaciones con el fin de proteger la producción local y garantizar unas existencias adecuadas de aceite de oliva de producción local para abastecer al mercado interno.

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Aunque la suspensión se concibió como temporal y el Gobierno ha reafirmado su intención de desarrollar la industria del aceite de oliva, la prohibición de las exportaciones de aceite de oliva aún no se ha levantado y no hay indicios de que vaya a levantarse en un futuro próximo. Esto ha preocupado a los agricultores y productores locales, que consideran que en Libia se produce suficiente aceite de oliva para satisfacer tanto la demanda de exportación como el consumo interno, y que esta prohibición afectará a la industria del aceite de oliva a largo plazo.

«Hay suficiente producción en Libia», declaró a Arab News Zahri Al-Bahri, un productor libio de aceite de oliva que posee su propia almazara en la ciudad de Tarhuna. «No entiendo por qué ya no podemos exportar».

El cultivo del olivo en Libia es ancestral y hay zonas donde olivos centenarios siguen produciendo aceitunas para aceite de oliva. No obstante, la era moderna de la producción de aceite de oliva se remonta al siglo XX, cuando los italianos ocuparon Libia en la década de 1930 y plantaron la mayoría de los árboles que ahora existen en el país.

«Mi finca existe desde hace casi 90 años, cuando los italianos ocuparon Libia y devolvieron la vida a la tierra», declaró a la AFP Ali Al-Nuri, un olivarero de Tarhuna.

Las aceitunas eran un cultivo de importancia económica antes de que se descubrieran las reservas de petróleo crudo en la década de 1950. Al-Nuri afirmó que los olivos «salvaron» a los libios durante los periodos de mala situación económica previos a dicho descubrimiento.

Libia es el undécimo mayor productor mundial de aceitunas, con unos ocho millones de olivos. Solo el 20 % de la producción de aceitunas del país se transforma en aceite. Según cifras del Consejo Oleícola Internacional (COI), la producción anual se duplicó con creces entre las campañas oleícolas de 1990/91 y 2018/19, pasando de 7 000 a 18 000 toneladas.

El aceite de oliva contribuyó a diversificar las exportaciones libias, que dependían en gran medida de las exportaciones de petróleo crudo desde la caída de Muamar el Gadafi en 2011.

En 2013, el Gobierno libio anunció planes para reforzar las exportaciones de aceite de oliva mediante la mejora de la calidad de la producción de aceitunas y aceite de oliva, con el fin de aumentar el valor de las exportaciones globales y expandirlas a nivel internacional para impulsar la economía del país.

Con este fin, el Gobierno intentó desempeñar un papel más importante en el apoyo a toda la cadena de producción del aceite de oliva, desde el olivar hasta el envasado y la comercialización, para lo cual se planeó el desarrollo de una marca nacional.

La prohibición de las exportaciones no solo ha frenado la presencia internacional de los aceites de oliva libios, sino que también ha tenido repercusiones en la capacidad del sector para obtener los ingresos, incluida la divisa extranjera, necesarios para invertir en los recursos requeridos para la sostenibilidad del sector, como piezas de recambio para los equipos, plantas especializadas de embotellado y envasado, y sistemas de riego para las zonas muy secas donde se pueden plantar olivos.

«Tenemos problemas constantes para conseguir piezas de recambio, que se están encareciendo debido al colapso del dinar frente al dólar, pero también por el coste del proceso de extracción del aceite», dijo Al-Bahri.

Esto ha hecho que los aceites de oliva virgen extra libios sean menos competitivos. Además, la urbanización se ha convertido en una amenaza para los olivos viejos, que ahora se están talando para obtener carbón vegetal y crear espacio para la construcción, algo prohibido bajo el régimen de Gadafi.

La ausencia de producciones a gran escala también ha relegado a un papel muy secundario a las aceitunas de una variedad toscana blanca, introducida por los italianos. En lugar de comercializarse como aceite monovarietal y aprovechar al máximo sus características únicas, ahora se mezclan con otras variedades para la producción de aceite.

Los productores libios se muestran más optimistas respecto a la variedad Arbequina de origen español, que está dando buenos resultados en el país y ampliando su superficie de plantación.

El pasado mes de noviembre, el COI y Libia firmaron un acuerdo de colaboración que tiene como objetivo desarrollar y apoyar el sector olivarero libio mediante la creación y el mantenimiento de dos laboratorios, uno para análisis fisicoquímicos y otro para la evaluación organoléptica del aceite de oliva virgen extra. En virtud de este acuerdo, el COI supervisará los programas de formación y el personal cualificado.