Se desvelan los orígenes del olivo domesticado

Un nuevo estudio sitúa en el tiempo y el espacio la transición de los olivos silvestres a sus descendientes cultivados.

Un nuevo estudio publicado en la revista *Proceedings of the Royal Society* arroja luz sobre cuándo y dónde se domesticó el olivo (es decir, la propagación de los mejores genotipos cultivados) y se convirtió en la fuente de las tan apreciadas aceitunas comestibles y del aceite de oliva actuales.

Los científicos examinaron el ADN de 1.797 árboles silvestres y cultivados de la cuenca mediterránea y, mediante el análisis de los genomas, pudieron crear la genealogía de los árboles y determinar cómo se produjo la diseminación del olivo. Se identificaron tres «pools genéticos» ancestrales básicos del olivo, a saber, el Cercano Oriente, la zona del mar Egeo y el estrecho de Gibraltar.

Según el estudio, el grado de diversificación de los plastos (compartimentos de las células vegetales que contienen compuestos químicos) entre los olivos silvestres y los cultivados indicaba que la transformación del olivo silvestre en olivo domesticado se produjo primero en la zona nororiental del Levante, en el Cercano Oriente, probablemente en la frontera entre Siria y Turquía, y luego se extendió a los territorios vecinos y a toda la cuenca.

Aunque esta diversidad genética es mayor en la población de árboles del estrecho de Gibraltar, las civilizaciones entonces avanzadas que ocupaban el territorio del Levante eran más competentes y contaban con suficientes recursos genéticos para lograr domesticar el olivo. El proceso de domesticación tuvo lugar hace aproximadamente 6.000 años, aunque hay pruebas de que los olivos silvestres se utilizaban ya desde el Neolítico, según el estudio.

La principal diferencia entre el olivo silvestre y el cultivado son los frutos más grandes y jugosos de este último, y parece que todo el proceso de domesticación requirió mucho tiempo y numerosos intercambios genéticos entre los árboles para materializarse.