¿Quieres recuperar la democracia? Coge un tenedor
Las investigaciones indican que la dieta europea es anterior a la aparición de la clase media, y la clase media es sinónimo de democracia.
Una nueva investigación del Laboratorio de Investigación Social Comparada (LCSR) de la Escuela Superior de Economía (HSE) de Rusia afirma que, si la humanidad quiere restablecer la democracia, sería mejor que centrara sus esfuerzos en la nutrición, en lugar de en el crecimiento de los ingresos o la liberalización del comercio.
El documento de trabajo titulado «Una receta para la democracia: la difusión de la dieta europea y el cambio político» ha tratado de llegar al fondo de la intrigante cuestión de cómo se relacionan la alimentación y la democracia.
Mediante un estudio comparativo con datos de 157 países, la investigación descubrió que una dieta rica en productos lácteos, aceite de oliva, proteínas, dulces y alcohol —entre otros— se alinea mejor con la democracia.
Lo último en lo que piensa una población desnutrida es en el activismo político.
No, esto no significa que el consumo de este tipo de alimentos haga automáticamente a las personas más democráticas. Lo que el artículo concluía era que existe una conexión indirecta entre la democracia y la dieta. En pocas palabras, cuando la gente consume de forma habitual alimentos variados, caros y de alta calidad, en lugar de limitarse únicamente al pan y los cereales, es una señal clara de que la democracia va por buen camino.
«La difusión de una “dieta europea” —una dieta con una proporción de proteínas animales en la ingesta calórica diaria sin precedentes históricos— se considera un indicador de la expansión de la clase media», explicó a Olive Oil Times Andrey Shcherbak, investigador sénior del Laboratorio de Investigación Social Comparada de la Escuela Superior de Economía de San Petersburgo (Rusia).
«Una clase media numerosa es un requisito estructural previo para la transición a la democracia, y su consolidación exitosa resulta más probable en presencia de una clase media», señaló el investigador.
Pero, ¿cómo podría la dieta —en este caso, una dieta de tipo europeo— preceder al advenimiento de la clase media y, a su vez, de la democracia? Shcherbak nos instó a echar la vista atrás en la historia, que pone de manifiesto cómo los principales productores mundiales de aceite de oliva fueron cuna de la democracia.

«Grecia e Italia, dos de los mayores productores y consumidores de aceite de oliva, son las cunas de la democracia y la república. No es una coincidencia. El aceite de oliva en Grecia e Italia era una importante fuente de grasas y otros nutrientes valiosos para toda la población, además de un producto comercial muy atractivo. Creo que estos factores contribuyeron al surgimiento de una amplia clase media en las sociedades de la Antigua Grecia y la Antigua Roma», afirma el investigador ruso, quien llega incluso a sugerir que tal vez el aceite de oliva fue una de las razones por las que los conceptos políticos de democracia y república surgieron en estas regiones.
Sin embargo, a pesar del simbolismo que podría reflejar el uso generalizado del aceite de oliva en las cunas de la democracia de tipo occidental, existen otras razones por las que la nutrición podría preceder a la democracia y no al revés.
Para empezar, Shcherbak señaló que las personas que tienen acceso permanente a productos de prestigio, como los de origen animal y los lácteos, gozan de seguridad existencial. No necesitan angustiarse por la supervivencia diaria y son libres de adoptar valores emancipadores. Esto hace que sea más probable que defiendan los derechos individuales en comparación con una sociedad en la que la gente apenas llega a fin de mes.
Además, existe un efecto sociopolítico. La autonomía alimentaria conlleva la autonomía política. «Lo último en lo que piensa una población desnutrida es en el activismo político», razonó Shcherbak. «Las personas pobres y desnutridas pueden ser manipuladas fácilmente. El coste relativo de su voto es muy bajo para ellas. En algunos países, observamos grandes redes de clientelismo que distribuyen alimentos a cambio de votos entre los pobres —en su mayoría productos baratos y ricos en hidratos de carbono—».
Además, una nutrición óptima equivale a una buena salud. «Una dieta enriquecida desempeña un papel catalizador en la formación de 29 órganos vitales, incluido el sistema nervioso central, que determina las capacidades cognitivas», señala el estudio. «Fíjense en el rendimiento educativo de los niños», subrayó Shcherbak. «La pobreza y la desnutrición lo reducen significativamente. En general, las poblaciones más sanas tienden a tener un mayor nivel educativo y a ser más activas en términos de participación política».
Cabe mencionar que el estudio del LCSR plantea nuevas reflexiones sobre la forma que debe adoptar la ayuda necesaria para los países en desarrollo. «Si una buena nutrición es clave para establecer la democracia, entonces quizá la ayuda humanitaria sea preferible a la ayuda financiera para los países más pobres», fue una de las principales conclusiones de la investigación de octubre de 2016.