Los componentes de la dieta mediterránea podrían prevenir algunos tipos de cáncer

Un estudio analiza la relación entre el riesgo de cáncer y los distintos componentes de los alimentos típicos de la dieta mediterránea.

Las personas que viven en los países ribereños del mar Mediterráneo no solo presentan una menor incidencia de enfermedades cardíacas, sino que también tienen menos probabilidades de padecer cáncer que quienes viven en países del norte de Europa y de América del Norte. Esto llevó a los investigadores a revisar la bibliografía reciente y determinar si la amplia variedad de componentes presentes en la dieta mediterránea influye en el riesgo de cáncer.

Un artículo, publicado en la revista BMC Surgery, investiga la relación entre el riesgo de cáncer y los diferentes componentes presentes en los alimentos típicos de la dieta mediterránea: aceite de oliva, frutas, verduras, marisco, cereales integrales y vino.

Estudios experimentales y con células humanas sugieren que el consumo de aceite de oliva puede reducir el riesgo de cáncer de mama, próstata, colon y del tracto digestivo. Un metaanálisis de 19 estudios reveló además que la cantidad de aceite de oliva consumida también afecta al riesgo de cáncer, disminuyendo la incidencia de cáncer cuando el consumo de aceite de oliva es elevado. Los investigadores señalaron que la acción protectora del aceite de oliva, que posiblemente provoca la muerte de las células cancerosas e inhibe las vías carcinogénicas, podría deberse a la presencia de dos componentes beneficiosos para la salud: el tirosol y el hidrocitrosol.

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Las frutas y verduras, que forman parte integral de la dieta mediterránea, se encuentran entre las fuentes más ricas en componentes protectores contra el cáncer, según los autores del artículo. Entre ellos se incluyen el glucosinolato presente en las coles de Bruselas, el repollo y otras hortalizas crucíferas; el ácido ascórbico, las antocianinas, las flavanonas, el ácido hidroxicinámico y los polifenoles de los cítricos; el licopeno de los tomates; y la fibra dietética, los compuestos del género Allium, los polifenoles, el selenio, los inhibidores de proteasas, las ditioltiones, la vitamina C, la vitamina E y los carotenoides presentes en muchas frutas y verduras. Los estudios de laboratorio muestran que estos componentes previenen la proliferación de las células cancerosas, inhiben la señalización celular, inducen la detención del ciclo celular, previenen el daño celular causado por los rayos ultravioleta e interfieren en otras vías relacionadas con el cáncer.

Otra ventaja de la dieta mediterránea para reducir el riesgo de cáncer proviene del bajo consumo de carnes rojas y procesadas, que contienen hidrocarburos aromáticos policíclicos cancerígenos, compuestos N-nitrosos y aminas heterocíclicas. Según los investigadores, el pescado y el marisco consumidos en lugar de la carne tienen propiedades anticancerígenas que pueden reducir el riesgo de cáncer.

El consumo limitado de productos de cereales refinados por parte de las poblaciones que siguen la dieta mediterránea puede disminuir el riesgo de cáncer de tiroides, estómago, colon y del tracto digestivo superior. El alto consumo de fibra procedente de alimentos integrales que se consumen con frecuencia puede prevenir el cáncer, ya que aumenta el volumen fecal, reduce el tiempo de tránsito, proporciona saciedad y aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta. La fermentación de la fibra dietética por parte de las bacterias en el intestino grueso también puede reducir el riesgo de cáncer de colon, según los autores del estudio.

Por último, la copa de vino que acompaña a la comida mediterránea es rica en resveratrol, un compuesto que puede reducir el riesgo de cáncer al prevenir la formación de tumores, inhibir el crecimiento de las células cancerosas, interferir en las vías del cáncer y provocar la muerte de las células cancerosas.

La conclusión: consuma frutas, verduras, cereales integrales y marisco; beba un poco de vino y utilice el aceite de oliva como principal fuente de grasa en su dieta para reducir el riesgo tanto de cáncer como de enfermedades cardíacas.



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