La dieta mediterránea podría proteger contra la contaminación atmosférica
Una nueva investigación revela que la dieta mediterránea podría reducir el riesgo de fallecer por infarto de miocardio, enfermedades cardiovasculares y otras causas relacionadas con la exposición prolongada a la contaminación atmosférica.
Un estudio reciente llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU) reveló que seguir la dieta mediterránea (MedDiet) podría mitigar los efectos nocivos de la contaminación atmosférica.
El autor, Chris Lim, que presentó los resultados en la Conferencia Internacional de 2018 de la Sociedad Torácica Americana a principios del mes pasado, analizó los datos de una cohorte de casi 550 000 personas de todo Estados Unidos durante un periodo de 17 años.
«Dados los beneficios que hemos observado en una dieta rica en antioxidantes, nuestros resultados concuerdan con la hipótesis de que la contaminación atmosférica por partículas, causada por la combustión de combustibles fósiles, afecta negativamente a la salud al provocar estrés oxidativo e inflamación».
Lim y sus colegas querían determinar si una dieta mediterránea rica en antioxidantes —que evita la carne roja y los alimentos procesados en favor de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva— influye en la correlación entre la exposición prolongada a la contaminación atmosférica y la mortalidad por causas específicas.
«Se plantea la hipótesis de que la contaminación atmosférica provoca efectos nocivos para la salud a través del estrés oxidativo y la inflamación», explicó Lim, «y la dieta mediterránea es realmente rica en alimentos con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes que podrían intervenir por esas vías».
En primer lugar, los investigadores agruparon a los participantes en función de en qué medida sus hábitos alimenticios se ajustaban a la dieta mediterránea al inicio del estudio, antes de consultar la información de los sectores censales para estimar la exposición a largo plazo de los participantes a tres tipos específicos de contaminación atmosférica: partículas en suspensión (PM2,5), óxido nítrico (NO₂) y ozono (O₃).
El análisis posterior se centró en el impacto estadísticamente significativo de la dieta mediterránea en las muertes por todas las causas, además de las muertes relacionadas con enfermedades cardiovasculares y los infartos de miocardio.
En lo que respecta a las muertes por todas las causas, los resultados revelaron un aumento del 5 % por cada incremento de 10 partes por mil millones (ppb) en la exposición al NO₂, en el caso de quienes menos se adherían a la dieta mediterránea, frente al 2 % en el caso de quienes más se adherían a ella.
Los resultados para las enfermedades cardiovasculares fueron similares, con un aumento del 17 % en las muertes por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico en la exposición a las PM2,5 entre las personas menos fieles a la dieta, frente al 5 % entre las más fieles.
Las tendencias en las muertes por infarto de miocardio también coincidieron, con un aumento del 20 % frente al 5 % en lo que respecta a la exposición a las PM2,5, y del 12 % frente al 4 % en el caso del NO₂. De hecho, el único valor atípico cuantificable fue la exposición al O₃, que, según revelaron los resultados, no se correlacionaba con la dieta mediterránea.
«Dados los beneficios que hemos observado en una dieta rica en antioxidantes, nuestros resultados concuerdan con la hipótesis de que la contaminación atmosférica por partículas, causada por la combustión de combustibles fósiles, afecta negativamente a la salud al inducir estrés oxidativo e inflamación», explicó George Thurston, autor principal del estudio y director del Programa de Evaluación de la Exposición y Efectos sobre la Salud Humana del Departamento de Medicina Ambiental. «Por otra parte, el efecto del ozono no se vio atenuado de forma significativa por la dieta mediterránea, por lo que, al parecer, el ozono afecta a la salud cardíaca a través de un mecanismo diferente».
Sin embargo, hay dos salvedades clave: por un lado, los hábitos alimenticios de los participantes podrían haber cambiado a lo largo del estudio; por otro, el perfil demográfico (mayoría de personas de raza blanca y con ingresos más altos) no representaba con exactitud a la población en general.
No obstante, tal y como señaló Lim a Olive Oil Times, los resultados son, aun así, interesantes. «Nuestro estudio se basa en una cohorte muy detallada y amplia, utiliza los últimos modelos de predicción de la contaminación atmosférica y ofrece resultados muy novedosos».