El plan de Rumanía sobre el Nutri-Score queda en suspenso tras las objeciones de la UE
La Comisión Europea ha expresado su preocupación por que el proyecto de ley pueda restringir el comercio e infringir las normas de la UE en materia de etiquetado de alimentos.
La Comisión Europea ha advertido a Rumanía de que su proyecto de plan para introducir el Nutri-Score podría infringir la normativa de la UE y debería revisarse antes de que entre en vigor a finales de año.
En su dictamen detallado, la Comisión señaló que el proyecto rumano no aborda varias cuestiones fundamentales relacionadas con la adopción del sistema de etiquetado en la parte frontal del envase (FOPL) diseñado en Francia.
Nutri-Score es un etiquetado alimentario tipo semáforo que utiliza una combinación de cinco colores y letras coordinados para calificar la salubridad de un producto alimenticio envasado en función de su contenido en grasas, azúcares, sal y calorías por cada 100 gramos o mililitros de ración. La «A verde» indica la opción más saludable, y la «E roja» denota la menos nutritiva.
El sistema, diseñado para ofrecer a los consumidores una referencia visual rápida, ha sido promovido por las autoridades sanitarias de varios países de la UE como herramienta para fomentar una alimentación más saludable.
Bruselas cuestionó si las autoridades rumanas habían demostrado de manera convincente que Nutri-Score es la herramienta más adecuada en comparación con otros sistemas de etiquetado disponibles.
El dictamen también señalaba que el proyecto no explicaba cómo los beneficios esperados de la introducción de Nutri-Score compensarían las cargas normativas y económicas para los productores de alimentos y los minoristas.
La Comisión advirtió además de que la medida podría crear barreras para los productos alimenticios fabricados en otros lugares de la UE y vendidos en Rumanía si no se introducen salvaguardias.
Dichas barreras podrían derivarse de las diferencias en los costes de cumplimiento, lo que podría perjudicar a los productores fuera de Rumanía o distorsionar la competencia dentro del mercado único.
Según este dictamen, el proyecto carece también de seguridad jurídica. No define claramente cómo se aplicaría, actualizaría o haría cumplir la etiqueta Nutri-Score.
Sin esa claridad, tanto las empresas como los reguladores podrían quedarse sin un marco fiable, lo que suscita inquietudes sobre cómo funcionaría el sistema en la práctica y cómo se gestionarían los litigios.
Los funcionarios de la Comisión hicieron hincapié en que cualquier sistema nacional de etiquetado debe seguir siendo voluntario, evitar inducir a error a los consumidores y cumplir con la normativa vigente de la UE en materia de información alimentaria.
Las objecciones no suponen un rechazo del propio Nutri-Score ni de su posible introducción en Rumanía.
Sin embargo, implican que las autoridades deben volver a la mesa de diseño antes de su implementación.
Para seguir adelante, Bruselas instó a Rumanía a revisar el borrador del texto, introducir métodos de cálculo transparentes, definir criterios objetivos, establecer mecanismos de seguimiento eficaces y aclare los procedimientos de recurso o resolución de litigios.
La intervención de la Comisión tiene consecuencias prácticas, ya que la adopción del Nutri-Score queda ahora en suspenso durante al menos tres meses.
Durante este período de suspensión, las autoridades rumanas deben facilitar a la Comisión una lista de las modificaciones que pretenden introducir.
Si no lo hacen, el proyecto podría, técnicamente, entrar en vigor a finales de año. Este desenlace parece poco probable, ya que ignorar las objecciones de la Comisión desencadenaría casi con toda seguridad procedimientos de infracción por parte de Bruselas o impugnaciones legales de otros Estados miembros.
El dictamen detallado supone el último revés para Nutri-Score en Rumanía.
Antes de ser incluido en un proyecto de ley formal, el sistema había sido incluso prohibido por la Autoridad Nacional para la Protección del Consumidor (ANPC) debido a un problema técnico con las normas de etiquetado.
Esa decisión se revocó posteriormente, allanando el camino para el actual proyecto de ley, pero el proceso ha seguido siendo controvertido e incierto.
Un reto clave para Nutri-Score, tanto en Rumanía como en otros lugares, radica en las actualizaciones periódicas del algoritmo que sustenta sus clasificaciones de alimentos.
Estas revisiones afectan directamente a la forma en que se clasifican determinados productos populares.
Francia, donde se concibió e introdujo por primera vez Nutri-Score, acaba de adoptar la última actualización del algoritmo.
Dicha actualización elevó la calificación de los aceites de oliva de «Amarillo C» a «Verde claro B». La misma actualización tuvo un impacto significativo en las calificaciones de los productos lácteos y las bebidas sin azúcar.
La implementación de estos cambios suele ser compleja, ya que pueden alterar la posición en el mercado de categorías enteras de productos y provocar la oposición de los productores descontentos con los resultados.
A pesar de estas controversias, Nutri-Score sigue en funcionamiento en varios mercados europeos.
Ha sido adoptado oficialmente de forma voluntaria por Francia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo, Alemania, España y Portugal.
Fuera de la UE, Suiza también ha introducido el sistema, aunque algunas grandes empresas han comenzado recientemente a eliminarlo gradualmente y algunos legisladores han pedido su derogación.
A nivel de la UE, Nutri-Score ha sido objeto de un largo y acalorado debate sobre la necesidad de un etiquetado nutricional armonizado en la parte frontal del envase.
Como parte del Pacto Verde, la Comisión Europea se comprometió en su momento a proponer un sistema obligatorio a escala de la UE.
Sin embargo, ante las crecientes divisiones entre los Estados miembros, la Comisión se ha abstenido hasta ahora de seguir adelante con dicha propuesta.