Los productores argentinos de aceite de oliva se enfrentan a una mala cosecha y a precios bajos

Una mala cosecha y un mercado internacional saturado de producto español han obligado a varios productores de aceite de oliva de Argentina a cerrar sus negocios.

Argentina ha registrado una de sus peores cosechas de aceitunas de los últimos años, una situación que está causando gran preocupación entre los productores de aceite de oliva de Mendoza y las provincias vecinas, según el periódico «Los Andes ».

El Instituto de Desarrollo Rural (IDR) ha estimado una cosecha de aceitunas por debajo de la media, de 28 277 toneladas métricas, lo que supone una reducción del 65 % con respecto al año pasado. Algunas estimaciones sitúan la producción de aceite de oliva de este año muy por debajo de las 10 000 toneladas métricas, en un país que suele producir alrededor de 30 000 toneladas métricas. Las fuertes lluvias son en gran parte las responsables de los malos resultados, mientras que los precios internacionales, que se encuentran en mínimos históricos, han desanimado aún más a los productores.

«Este año hemos tenido una de las peores cosechas de los últimos veinte años. Las aceitunas que han llegado a las fábricas desde la parte oriental de la provincia de [Mendoza] para la producción de aceite de oliva han representado menos del 10 % de lo que procesamos el año pasado», afirmó Armando Mansur, propietario de Olivares de Don Ignacio y presidente de la Asociación de Productores de Aceitunas de Mendoza (Asolmen).

Por su parte, España ha producido este año una cifra récord de 1 758 000 toneladas métricas de aceite de oliva, lo que ha provocado que los precios internacionales toquen fondo. Esta situación afecta a los precios en Argentina porque, aunque las importaciones de aceite de oliva están sujetas a un elevado impuesto del 31,5 %, los productores nacionales que suben demasiado sus precios corren el riesgo de perder clientes si la importación se convierte en una opción más atractiva para ellos.

La combinación de estos factores ha obligado a varios productores a cerrar sus explotaciones de forma indefinida, una tendencia que tiene a Marcos López, de Eliá, muy preocupado por el futuro.

«No me preocuparía tanto en un año como este si una explotación no funcionara porque no hubiera producción. Lo que realmente me preocupa es que algunas explotaciones hayan decidido no reabrir. No ven perspectivas favorables a medio o largo plazo», afirmó López.

«Una cosa es un mal año con perspectivas razonables y otra muy distinta es un mal año con perspectivas negativas. Esto último obliga al productor a abandonar la producción por completo, y un olivar abandonado nunca se recuperará», añadió.