El Senado español respalda un mayor apoyo a los olivares tradicionales

El Senado español ha aprobado una moción en la que se insta a reforzar el apoyo a los olivares tradicionales, destacando su importancia económica, medioambiental y social en las comunidades rurales.

El Senado español ha respaldado formalmente un mayor apoyo a los olivares tradicionales después de que su Comisión de Agricultura aprobara por unanimidad una moción no vinculante en la que se insta al Gobierno a intervenir.

Según datos recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la superficie dedicada al cultivo del olivo en el país supera ya los 2,8 millones de hectáreas. A pesar de la rápida expansión de los sistemas de cultivo industrial, se estima que los olivares tradicionales siguen representando aproximadamente el 70 % de la superficie total dedicada al olivo en España, lo que confirma su papel central en el paisaje agrícola del país.

Si el Gobierno no actúa ahora con ayudas específicas, no solo estamos perdiendo árboles; estamos firmando la sentencia de muerte de miles de hectáreas que quedarán abandonadas, dejando vacías nuestras zonas rurales más tradicionales.– Javier Sanz Serna, senador

Muchos de estos olivares se encuentran en laderas con pendientes superiores al 20 % o en plantaciones de baja densidad donde la mecanización total es técnica o económicamente inviable. El sector también está muy fragmentado y dominado por pequeñas explotaciones familiares repartidas por toda la España rural.

La moción reclama un mayor apoyo económico directo, políticas adaptadas específicamente a los olivares tradicionales, el reconocimiento de su valor social y medioambiental, y medidas destinadas a frenar el abandono rural, al tiempo que se mejora la competitividad del sector.

La iniciativa surge tras meses de movilización por parte de los productores y las organizaciones del sector. José Gilabert, presidente de la cooperativa San Vicente de Jaén y uno de los impulsores de la nueva Asociación de Olivares Tradicionales, declaró recientemente a Olive Oil Times que los productores tradicionales no buscan la «confrontación» con los modelos industriales, pero no quieren que la agricultura intensiva «marque nuestro camino y nuestros precios».

Durante el debate, los diputados del Partido Popular (PP) y los grupos que lo apoyan destacaron lo que describieron como un creciente desequilibrio en el sector del aceite de oliva. Mientras que las plantaciones industriales maximizan la eficiencia mediante la automatización y la mecanización, los olivares tradicionales siguen siendo una de las mayores fuentes de empleo en cientos de municipios rurales.

«No podemos exigir que un olivar de montaña, con sus laderas y su historia, compita bajo las mismas reglas que una plantación industrial llana», afirmó el senador Javier Sanz Serna durante el debate en comisión. «Si el Gobierno no actúa ahora con ayudas específicas, no solo estamos perdiendo árboles; estamos firmando la sentencia de muerte de miles de hectáreas que quedarán abandonadas, dejando vacías nuestras zonas rurales».

Los representantes del sector citados durante el debate señalaron que los olivares tradicionales pueden generar hasta cuatro veces más empleo por hectárea que los sistemas superintensivos, especialmente en zonas montañosas o desfavorecidas donde la mecanización es limitada. En provincias productoras clave como Jaén, el sector olivarero representa casi el 40 % de todos los días de trabajo agrícola, según los mismos representantes.

En condiciones normales de producción, las organizaciones del sector estiman que los costes en los olivares de montaña no mecanizables pueden ser aproximadamente el doble que los de las plantaciones superintensivas.

La AEMO, Asociación de Municipios Olivareros, ha advertido en repetidas ocasiones de que los olivares tradicionales no pueden competir económicamente con las plantaciones altamente mecanizadas a menos que las políticas públicas reconozcan su valor medioambiental y social.

Cristóbal Cano, secretario de aceite de oliva de la UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos), acogió con satisfacción la iniciativa del Senado, al tiempo que advirtió de que muchas zonas de olivicultura tradicional se enfrentan al abandono si no se cuenta con un apoyo directo más sólido. Cano ha defendido en repetidas ocasiones que los olivares tradicionales sostienen las comunidades rurales y ayudan a prevenir la erosión y el riesgo de incendios forestales en zonas mediterráneas vulnerables.

Las organizaciones de productores también han argumentado que las actuales estructuras de la Política Agrícola Común y los sistemas de asignación de agua favorecen de manera desproporcionada a las grandes explotaciones industriales frente a los pequeños y medianos productores tradicionales.

Los partidarios de la moción también hicieron hincapié en que los olivares tradicionales desempeñan un papel clave en la prevención de la erosión del suelo, la preservación de la biodiversidad y el sostenimiento de las comunidades rurales en las regiones mediterráneas, cada vez más expuestas a la desertificación y a los incendios forestales.

El texto aprobado también insta al Gobierno a reconocer estos beneficios medioambientales y sociales en los futuros marcos de la Política Agrícola Común de la Unión Europea, entre otras cosas mediante una asignación más específica de los fondos de la PAC.

Aunque la moción no modifica la legislación de forma inmediata, el voto unánime refleja la creciente presión sobre los responsables políticos españoles para que decidan si los olivares tradicionales deben competir en términos puramente industriales o ser reconocidos por el papel medioambiental y social más amplio que desempeñan en la España rural.