Los efectos del cambio climático en las vides deberían ser motivo de preocupación para los productores de aceite de oliva

Un estudio prevé que el cambio climático transformará por completo el panorama mundial de la producción vinícola, y donde va el vino, le siguen las aceitunas.

Según un estudio publicado en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», en menos de cuarenta años, tres cuartas partes de las zonas vitivinícolas del planeta dejarán de ser aptas para el cultivo de la vid debido a los efectos del cambio climático. En la región mediterránea, donde se prevé que el impacto del cambio climático sea especialmente grave, la superficie dedicada al cultivo de la vid podría reducirse hasta un 68 por ciento, y se prevén reducciones similares en Australia, Chile, Sudáfrica y California.

El estudio predice que, en poco tiempo, esos viñedos se trasladarán a otros territorios que reúnan las condiciones necesarias para el cultivo de la uva, como el norte de Europa, el noroeste de América y algunas zonas del centro de China.

Del mismo modo, los cambios climáticos podrían afectar gravemente a las zonas productoras de aceite de oliva, especialmente en la cuenca mediterránea. Los olivos son más resistentes que las vides y pueden prosperar en muchos terrenos diferentes y bajo diversas condiciones climáticas. Proporcionan aceite de oliva con poco esfuerzo y cuidados a lo largo del año, a menudo sin necesidad de mucho riego. Por eso, países como la India, Libia y Australia están plantando más olivos; son relativamente fáciles de cultivar y pueden generar beneficios. En la India, por ejemplo, los olivos pueden ser tres veces más rentables que el trigo.

No obstante, a medida que el clima se vuelve cada vez más cálido, es probable que los olivares situados en colinas altas o laderas se vean menos afectados, pero los situados en zonas de baja altitud o llanuras podrían llegar a ser totalmente improductivos. Ya hay indicios del cambio que se avecina: la cosecha de este año en España se ha visto gravemente afectada por la sequía y las enormes variaciones climáticas.

Así pues, a medida que las regiones del sur de Europa se calienten, ¿podrán seguir conservando sus olivos? ¿Los aceites de oliva producidos allí conservarán las mismas características y tendrán la misma calidad que hoy en día? ¿Tomarán el relevo las zonas del norte y se convertirán en los productores de aceite de oliva del futuro próximo?

En cualquier caso, para obtener un aceite de oliva de alta calidad es necesario que concurran varios factores a la vez: buenos olivos, un clima templado y unos métodos de cultivo adecuados. Además, la morfología del terreno y los niveles de humedad de la zona desempeñan un papel importante a la hora de determinar las características del aceite.

Sin embargo, los aceites de oliva europeos dentro de cincuenta años podrían ser muy diferentes en cuanto a sus cualidades y características organolépticas, así como en cuanto a sus lugares de origen. Los nuevos actores del sector, como China y la India, que cuentan con vastas extensiones de tierra para el cultivo del olivo, podrían suponer un reto para los productores europeos, sobre todo si encuentran un aliado inesperado en el clima, que cambia rápidamente. Las potencias tradicionales del aceite de oliva, como España, Italia y Grecia, deben tomar nota: el cambio está en marcha.