La recuperación de los olivos en Aragón para frenar el éxodo rural en España

La iniciativa «Apadrina un Olivo» ha puesto en adopción los olivos abandonados de la zona. El resultado ha supuesto un respiro para el pueblo y sus habitantes.

Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta España es el continuo éxodo rural.

Alrededor del 95 % de la población del país vive en solo el 30 % del territorio, y la mayoría reside en Madrid y en la costa.

Estamos totalmente convencidos de que es una idea que se puede trasladar a otros territorios. Ni siquiera tiene por qué ser con olivos abandonados.– José Alfredo Martín Piñas, cofundador de Apadrina un Oliva

Un informe gubernamental de 2019 indicaba que el 48 % de todos los municipios tienen menos de 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Algunas zonas de Aragón y Extremadura, la cuarta y quinta regiones más extensas de España, tienen densidades de población comparables a las de Siberia: solo dos personas por kilómetro cuadrado.

Véase también: En Italia, los olivares abandonados encuentran una nueva vida

En la localidad de Oliete, situada en el centro de Aragón, una organización trabaja para revitalizar la región recuperando 100 000 olivos abandonados, algunos de los cuales forman parte del paisaje desde hace cientos de años.

Apadrina un Olivo busca personas que paguen una cuota anual de 50 € para apadrinar un olivo.

A cambio, los patrocinadores —también conocidos como «padrinos» debido a las similitudes con el término «padrino» en español— reciben dos litros de aceite de oliva virgen extra producido a partir de los árboles cada año y fotos que muestran las operaciones de recuperación.

«La idea surgió de la recuperación de un solo olivo», explicó el cofundador José Alfredo Martín Piñas a Olive Oil Times.

Alberto Alfonso, fundador del grupo, tuvo una revelación mientras recogía aceitunas a mano en el olivar de su familia en Oliete un día de otoño hace siete años. Se dio cuenta de que estaba solo en la cosecha. La fruta de los vecinos caía al suelo y se pudría.

Todas las fotos son cortesía de Apadrina un Oliva

Todas las fotos son cortesía de Apadrina un Oliva

Por casualidad, conoció al hermano de Martín, Adrián Martín, y a su amigo, Pablo García-Nieto Rodríguez, quienes le ayudaron a fundar la organización. Martín y Sira Plana Marín, la quinta cofundadora, se unieron más tarde.

Históricamente, los olivos centenarios de Oliete eran plantados y cosechados por los agricultores locales para su propio consumo. Sin embargo, a medida que se aceleró el éxodo rural del país en los años 50, 60 y 70, los árboles quedaron abandonados y dejaron de producir aceitunas.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística de España, Oliete contaba con 2.500 habitantes en su momento álgido, en 1910. Sin embargo, esta cifra se redujo a tan solo 450 en 2011, el último año del que se dispone de datos. Las estimaciones no oficiales sitúan la población actual en unos 365 habitantes a fecha de 2020.

«La gente empezó a trasladarse de los pueblos a las ciudades en busca de oportunidades y comenzó a abandonar el entorno rural», explicó Martín. «Cuando eso ocurrió, a la gente le resultaba mucho más rentable y fácil comprar el aceite en el supermercado que ir al pueblo y trabajar los olivos».

Un agricultor local que colabora con Apadrina un Oliva recupera un olivo.

Un agricultor local que colabora con Apadrina un Oliva recupera un olivo.

Como resultado, el 70 % de los olivos del municipio permanecen abandonados y sin producir. Se necesitan entre dos y tres años para que los olivos se recuperen y empiecen a producir aceitunas, pero ningún agricultor de la región puede permitirse esperar tanto tiempo. Al encontrar patrocinadores para los olivos, Martín y los cofundadores proporcionan un flujo constante de ingresos a los agricultores antes de que el olivo produzca aceitunas.

Desde que se fundó Apadrina un Oliva en 2014, el grupo ha conseguido 6.000 padrinos, ha recuperado 15.000 olivos, ha traído a 12 nuevas familias a Oliete y atrae a unos 3.000 turistas al pueblo cada año.

«Empezamos dando trabajo a la gente del pueblo, a los jóvenes que querían quedarse en el pueblo», explicó Martín. «Pronto habíamos contratado a todos los jóvenes del lugar, que eran básicamente dos, y tuvimos que empezar a traer nuevas familias, nuevos colonos para trabajar en los olivares».

Estas familias trajeron a sus hijos consigo cuando se trasladaron al municipio, lo que, según Martín, salvó el sistema escolar local.

Uno de los olivos centenarios de Oliete.

Uno de los olivos centenarios de Oliete.

El proceso de apadrinar un olivo a través de Apadrina un Olivo comienza en línea. Los posibles padrinos pueden desplazarse por la oferta de árboles disponibles para apadrinar, seleccionar los que más les gusten, introducir algunos datos personales y realizar el pago.

A continuación, el olivo es «bautizado» y se coloca el nombre del padrino o madrina en su tronco.

«El bautizo es un momento muy importante porque la persona está creando historia y otorgando un valor simbólico al olivo», explica Martín. «Esto generará un vínculo emocional entre la persona y el olivo».

Posteriormente, Apadrina un Oliva envía actualizaciones periódicas para mostrar a los padrinos cómo están progresando los árboles. Estas suelen llegar en forma de correos electrónicos, pero también hay una aplicación móvil que los padrinos pueden descargar.

Un padrino visita un olivo apadrinado.

Un padrino visita un olivo apadrinado.

Al final de la campaña, los padrinos recibirán dos litros de aceite de oliva virgen extra de las variedades Empeltre, Arbequina o coupage, todas ellas con la DOP Bajo Aragón.

Martín afirmó que Apadrina un Oliva produce unos 45 000 litros al año y que se espera que esa cifra aumente a medida que se recuperen más árboles.

En 2016, los cofundadores instalaron su propia almazara en la localidad. Además de recolectar los olivos recuperados, también compran aceitunas a unos 200 pequeños agricultores, muchos de los cuales estaban a punto de abandonar sus olivos debido a la falta de una almazara local.

«Nuestra idea era construir esa almazara y proponer a los agricultores que, si nos traían aceitunas de una calidad determinada, les remuneraríamos de forma justa», explicó Martín. «Esto ha supuesto que, mientras el mercado ha pagado este año entre 0,30 y 0,40 euros por kilo de aceitunas, nosotros hemos pagado 0,60 euros».

«Es mucho más de lo que paga el mercado, pero es lo que entendemos como un precio justo para que el agricultor pueda trabajar y dignificar su labor y no abandonar las fincas», añadió.

A rural landscape featuring a cluster of buildings surrounded by olive trees and rolling hills under a clear blue sky.

Además de producir aceite de oliva virgen extra, que ha obtenido 27 premios en diversos concursos locales e internacionales de calidad del aceite de oliva, Apadrina un Oliva también ha impulsado la industria turística local.

«Unas 3.000 personas visitan Oliete cada año para ver sus olivos, lo cual es algo muy significativo para un pueblo de 300 habitantes», dijo Martín. «El turismo es muy importante para nosotros y sigue siendo un salvavidas para las casas rurales, los restaurantes y la gasolinera. Hace que toda esa parte de la economía funcione».

Añadió que por eso es tan importante el bautizo inicial del olivo. La gente crea un vínculo intangible con el árbol, pero aporta beneficios tangibles al pueblo y a sus habitantes.

A juzgar por los indicadores económicos y sociales, «Apadrina un Oliva» ha sido un éxito a la hora de frenar el éxodo rural de Oliete. Martín cree que este tipo de proyectos pueden ser una solución para los olivares abandonados de toda la cuenca mediterránea.

«Estamos totalmente convencidos de que es una idea que se puede trasladar a otros territorios, ni siquiera tiene por qué ser con olivos abandonados», dijo Martín. «Lo que se necesita es animar a más gente a emprender este tipo de proyectos en sus propias regiones».