Se mide la capacidad de captura de carbono de los olivares
Los nuevos hallazgos arrojan luz sobre el potencial climático de los olivares, lo que les confiere un papel prometedor en las iniciativas de secuestro de carbono.
Se han publicado los primeros resultados del proyecto español C-Olivar, que muestran que las 15 parcelas estudiadas alcanzan una secuestro neto de 412 toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente al año.
Las parcelas, situadas en Estepa, Andalucía, abarcaban 440 hectáreas de olivares con diferentes prácticas de gestión.
C‑Olivar es un grupo operativo con sede en Andalucía que agrupa a organismos gubernamentales regionales y nacionales, la Universidad de Jaén, la organización de profesionales agrícolas ASAJA-Sevilla, el organismo regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) de Estepa y Evenor-Tech, una empresa tecnológica especializada en la gestión del territorio y la protección del medio ambiente.
Véase también: Se prevé que las temperaturas globales aumenten 2 ºC para 2030El objetivo principal del proyecto es aumentar la cantidad de carbono almacenado por los olivares. Para lograrlo, el grupo tiene la tarea de diseñar una metodología para calcular los créditos de carbono para los olivicultores, crear un mercado voluntario de créditos de carbono para el sector, fomentar la adopción de prácticas de cultivo del olivo que favorezcan el secuestro de carbono y desarrollar tecnología para ayudar a los agricultores y técnicos en esta labor.
El análisis evaluó el carbono almacenado en las estructuras permanentes de los olivos y en el suelo, revelando rangos de secuestro de entre 0,6 y 2,6 toneladas de dióxido de carbono equivalente por hectárea al año para los árboles.
En seis de las 15 parcelas se observó un secuestro adicional de entre 0,36 y 2,1 toneladas por hectárea en el suelo, mientras que en las nueve parcelas restantes se registró una pérdida de carbono del suelo.
En aquellas parcelas en las que se registró una pérdida de carbono del suelo, se consideró que las diferencias en las prácticas de gestión eran las principales responsables. Entre ellas se incluían una cubierta vegetal escasa o ausente y la falta de técnicas de acondicionamiento orgánico del suelo.
Investigaciones anteriores han demostrado que los olivares gestionados de forma tradicional almacenan una cantidad significativamente mayor de carbono, y que tanto la cubierta vegetal como el acondicionamiento orgánico del suelo son factores que contribuyen de manera importante a ello.
«La aplicación de fertilizantes orgánicos y el fomento de cultivos de cobertura espontáneos temporales permiten lograr un balance de carbono positivo y reducir los impactos negativos del cultivo del olivo», afirmó Lázuli Fernández, de la Universidad de Jaén.
«[Los olivares tradicionales] permiten eliminar de la atmósfera 5,5 kilos de dióxido de carbono equivalente por cada kilo de aceite [sin envasar] producido», añadió. «En el caso del cultivo de regadío, este valor desciende a 4,3, y el método intensivo permite capturar hasta 2,7 kilogramos de dióxido de carbono equivalente por cada kilogramo de aceite».
En cinco de las nueve parcelas en las que se registró una pérdida de carbono del suelo, el carbono acumulado en los árboles compensó la pérdida del suelo. En las cuatro restantes, se registró una emisión neta de carbono. Esto se atribuyó, una vez más, a las prácticas de gestión.
Hay aproximadamente 11,7 millones de hectáreas de tierra dedicadas al cultivo del olivo en todo el mundo, una superficie equivalente aproximadamente al tamaño de Portugal.
Si se considerara que los resultados del análisis de C-Olivar son representativos, incluyendo aquellas parcelas con emisiones netas, esto equivaldría a aproximadamente 10,96 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente capturadas al año.
Sin embargo, en su comunicado de prensa, la sección de Sevilla de la Asociación de Jóvenes Agricultores y Ganaderos (ASAJA-Sevilla) hizo hincapié en la necesidad de mejorar las prácticas agrícolas para aumentar el secuestro de carbono, un objetivo clave del proyecto.
Si se replicaran las cifras más altas de las parcelas del área de estudio, esto elevaría el almacenamiento global de carbono de los olivares a aproximadamente 55 millones de toneladas al año.
«Desde la DOP Estepa, seguimos trabajando con firmeza para obtener datos rigurosos que pongan de relieve el papel esencial que desempeñan nuestros olivares como sumidero de carbono y su capacidad para mitigar los efectos del cambio climático», afirmó Moisés Caballero, secretario general de la DOP Estepa.
«Esta investigación es otro ejemplo del potencial medioambiental del cultivo del olivo y nos anima a continuar con nuestro compromiso con un modelo agrícola sostenible comprometido con el futuro del planeta», concluyó.