Agricultores se manifiestan en Madrid contra las políticas agrícolas europeas
Los manifestantes exigen excepciones a la normativa medioambiental europea, ya que, según ellos, esta hace que sus productos sean menos competitivos en el mercado mundial.
Miles de agricultores españoles salieron a la calle en marzo por segunda vez en otros tantos meses para exigir cambios en la política agrícola europea y el fin del programa medioambiental «Agenda 2030» de las Naciones Unidas.
Según Luis Cortés, coordinador de la Unión de Sindicatos de Agricultores y Ganaderos, que organizó la protesta, «hubo unos 150 tractores y 2.000 manifestantes» presentes.
Los agricultores se han enfrentado a una miríada de dificultades: caída de los precios de venta, aumento de los costes, una regulación estricta, minoristas poderosos y dominantes, y la dificultad de competir con importaciones más baratas procedentes de fuera de la UE.—
Los tractores se alinearon en las calles de Madrid, recorriendo la ruta desde el Paseo del Prado, pasando por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico y hacia el norte por el Paseo de la Castellana hasta el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La protesta fue pacífica.
«Participaron familias y niños, que se subieron a los tractores. Fue un día festivo», dijo Cortés. «Nuestro objetivo era ganar esta guerra contra las administraciones que no nos entienden y no quieren hacerlo. También necesitamos el apoyo de los ciudadanos, que también son consumidores».
Véase también: Grupos agrícolas piden al Gobierno español que intensifique la respuesta al cambio climático«Queríamos que supieran que, para consumir productos de calidad, es esencial que apoyen al campo español y a los agricultores», añadió. «Nuestro modo de vida corre peligro de desaparecer debido a políticas descoordinadas, y corremos el riesgo de importar productos de otros países».
Los agricultores siguen exigiendo más flexibilidad, normativas medioambientales menos estrictas y una menor burocracia por parte de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, que decide los requisitos para las ayudas a los agricultores.
«Las protestas de los agricultores han puesto de relieve cuestiones fundamentales en la cadena de suministro agroalimentaria y en el sector», afirmó Gonzalo Urcolo, cofundador y director ejecutivo de CrowdFarming, una plataforma que conecta a los consumidores directamente con los agricultores ecológicos.
«Los agricultores no solo están frustrados porque la UE está imponiendo medidas restrictivas a la agricultura», añadió. «Están frustrados porque la política solo regula una parte de la cadena de suministro».
«Los gobiernos europeos están creando un sistema que regula cómo deben cultivar los agricultores, pero no dónde ni a qué precio deben comprar los grandes supermercados», continuó Urcolo. «Como resultado, Europa es cada vez menos capaz de abastecer a sus ciudadanos con su propia producción».
La frustración de los agricultores lleva meses en ebullición, con protestas similes en Francia, Alemania y Bruselas, la capital administrativa de la UE.
«Los agricultores se han enfrentado a una miríada de dificuldades: la cada de los precios de venta, el aumento de los costes, una regulación excesiva, minoristas poderosos y dominantes, y la dificultad de competir con importaciones más baratas procedentes de fuera de la UE, todo ello mientras se enfrentan a un clima cambiante e impredecible», afirmó Urcolo.
«Las protestas están mostrando al mundo que las cosas tienen que cambiar, y que debemos replantearnos la responsabilidad de cada parte implicada en esta transformación y el lugar que ocupan los agricultores en nuestra sociedad», añadió.
Urcolo explicó que fundó CrowdFarming como parte de la solución, permitiendo a los agricultores ecológicos prescindir de los intermediarios y vender directamente a los consumidores que comparten sus valores.
Añadió que muchos de los 280 agricultores que utilizan la plataforma tienen quejas similares a las de quienes protestan en Madrid.
«Debido a las difíciles circumstancias, cada vez más agricultores muestran interés por canales de venta alternativos», dijo Urcolo.
Aunque no está de acuerdo con los esfuerzos por rebajar los requisitos de sostenibilidad consagrados en la última versión de la PAC, Urcolo cree que la transición podría gestionarse de otra manera.
«No estamos en contra de las normas de la UE; al contrario, la mayoría de los agricultores de CrowdFarming son ecológicos o están en proceso de conversión a la agricultura ecológica y, por lo tanto, están alineados con una transición hacia un sistema agroalimentario más sostenible», afirmó.
«Si se hacen bien, pueden ser muy útiles para fomentar una transición ecológica», añadió. «Solo tenemos que asegurarnos de que incentivan a los agricultores en lugar de asfixiarlos y de que les proporcionan el apoyo que necesitan para garantizar que avanzamos en la dirección correcta».
Urcolo cree que parte de este apoyo debe provenir de la negociación de acuerdos de libre comercio con terceros países que no perjudiquen a los agricultores europeos.
«Si resulta más barato producir fuera de Europa, entonces debemos seguir importando nuestros productos de terceros países para que las familias con menos ingresos en Europa no pierdan poder adquisitivo y puedan permitirse comprar alimentos», afirmó.
Sin embargo, los manifestantes en Irlanda y Francia expresaron su preocupación por el hecho de que las regulaciones europeas encarecen los costes de producción de los productos, lo que hace que resulte más barato importarlos de otros lugares.
Protestaron en particular contra el acuerdo de libre comercio propuesto entre la UE y el Mercosur, que eliminaría los aranceles sobre las exportaciones agrícolas de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay a la UE y viceversa.
Los agricultores europeos argumentan que siguen controles medioambientales más estrictos que sus competidores sudamericanos y están especialmente preocupados por la llegada masiva de carne de vacuno, productos lácteos y soja más baratos.
«Tenemos que empezar a desarrolar medidas centradas en el medioambiente que coexistan con las medidas financieras», dijo Urcolo.
Mencionó la necesidad de que las normas europeas favorezcan a los productores europeos cuando ciertas frutas o verduras estén en temporada, incluso si pudieran llegar importaciones más baratas del extranjero.
«Podría ser más barato a corto plazo, pero tiene un enorme impacto medioambiental, no solo por el transporte de larga distancia y el desperdicio de alimentos durante el transporte, sino también por el desperdicio de los productos de la UE que no se cosecharían», dijo Urcolo.
Añadió que los acuerdos comerciales también deberían tener en cuenta las prohibiciones de la UE sobre ciertos tipos de productos fitosanitarios, argumentando que, si no están permitidos en el bloque, también debería prohibirse su uso a los exportadores a Europa.
«Las decisiones centradas en el clima deberían estar alineadas con las decisiones centradas en lo monetario, ya que los efectos negativos del cambio climático inevitablemente repercutirán también en el mundo financiero», afirmó.
Urcolo señaló el aceite de oliva como un ejemplo paradigmático. Tras varias cosechas consecutivas de mala calidad, provocadas por condiciones meteorológicas extremas y una sequía persistente en la cuenca mediterránea, los precios del aceite de oliva han alcanzado niveles históricamente altos. Aunque parte de esto se debe al comportamiento natural del mercado, Urcolo advirtió que la especulación era cada vez más frecuente.
«La producción de aceite de oliva ha tenido que hacer frente a algunos retos difíciles en los últimos años», afirmó. «En CrowdFarming, junto con nuestros agricultores, tuvimos que adaptarnos a la situación actual, en la que la producción de aceite de oliva se redujo drásticamente y los precios de mercado se dispararon. El sector ha empezado a volverse cada vez más especulativo, perdiendo parte de su verdadero valor».