Un nuevo estudio revela los efectos del aceite de oliva en la salud intestinal

La revisión de la investigación puso de manifiesto el gran impacto que tiene el aceite de oliva virgen extra en la salud intestinal, la función inmunitaria y el bienestar general gracias a sus compuestos bioactivos.

Una nueva investigación sugiere que el consumo de aceite de oliva virgen extra desempeña un papel más importante de lo que se creía anteriormente en el mantenimiento de una microbiota saludable, un aspecto crucial para la salud.

Según una revisión científica publicada en la revista Foods, el aceite de oliva virgen extra puede modular y mejorar las vastas poblaciones de bacterias, virus, hongos y arqueas que habitan en el intestino humano, conocidas como microbiota.

Estos microor­gan­ismos y cel­las func­ciona­les son esen­ciales para meta­bo­li­zar nut­rientes, fár­ma­cos y to­xinas, así como para sin­te­si­zar muchas vi­ta­minas.

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La microbiota también estimula y refuerza el sistema inmunitario, fortaleciendo la barrera intestinal y modulando las alergias, las enfermedades intestinales, el síndrome metabólico y las afecciones neurodegenerativas.

Una microbiota sana se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, obesidad, diabetes y otras afecciones. También influye en el estado de ánimo, la respuesta al estrés y la salud mental.

Los investigadores analizaron cómo los compuestos bioactivos derivados del olivo promueven la salud intestinal al tiempo que modulan la actividad intestinal.

Más concre­tamente, se centran en el impacto de los polifenoles, los secoiridoides y los triterpenos en el intestino humano.

Aunque representan menos del dos por ciento del aceite de oliva virgen extra, estos compuestos pueden reducir la inflamación y combatir el estrés oxidativo.

Ayudan a proteger los vasos sanguíneos, regulan el metabolismo e influyen en el funcionamiento del cerebro y del sistema inmunitario.

La revisión tuvo en cuenta cientos de estudios existentes de una amplia gama de ensayos in vitro (en laboratorio), in vivo (en animales) y clínicos en humanos.

La revisión confirmó que los polifenoles, los secoiridoides y los triterpenos potencian las poblaciones de bacterias beneficiosas, en particular Lactobacillus y Bifidobacterium.

Estos microbios son esen­ciales para man­tener el e­quili­brio intestinal, pro­ducir metabo­litos ben­e­fi­cia­les y favo­re­cer la sa­ud intestinal en ge­neral.

La revisión también mostró que estas sustancias inhiben las bacterias potencialmente patógenas, lo que contribuye a un ecosistema microbiano más equilibrado y resistente.

Uno de los efectos más importantes destacados por la revisión es el papel de los polifenoles, secoideos y triterpenos en la estimulación de la producción de AGCC, que son ácidos grasos producidos cuando las bacterias intestinales descomponen la fibra dietética y ciertos polifenoles en el colon.

Estos ácidos grasos son vitales para nutrir las células que recubren el colon, mantener la integridad de la barrera intestinal y reducir la inflamación en el intestino.

Según los investigadores, se ha demostrado que estos compuestos del aceite de oliva contribuyen a una barrera intestinal más robusta.

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Este «escudo protector» se considera clave para prevenir la filtración de sustancias nocivas desde el intestino al torrente sanguíneo, lo que puede desencadenar inflamación sistémica y diversos problemas de salud.

La revisión también señaló la evidencia de la literatura actual sobre cómo estas sustancias bioactivas del olivo pueden aliviar trastornos metabólicos, inflamatorios y neurocognitivos.

Esta influencia más amplia se atribuye principalmente a su modulación del eje intestino-microbiota-cerebro, en el que los microbios intestinales producen compuestos que interactúan con el sistema nervioso central.

Los autores también señalaron algunas limitaciones debidas a los retos inherentes a la investigación sobre la microbiota intestinal. 

Entre estos retos se encuentra la gran variabilidad interindividual en la composición de la microbiota intestinal.

Además, señalaron la actual falta de protocolos de intervención estandarizados entre los distintos estudios y el número relativamente limitado de ensayos clínicos en humanos en comparación con los realizados en animales.

En su opinión, el potencial demostrado por estas sustancias pone de relieve la necesidad de una investigación más sólida para trasladar de manera efectiva los hallazgos de los modelos animales a la fisiología humana.

Los autores hicieron hincapié en que los futuros estudios en humanos deben tener en cuenta diferencias individuales clave, como la edad, la dieta, la genética, el estado de salud y la composición de la microbiota intestinal. 

Los investigadores indicaron que estas diferencias pueden influir en la forma en que las personas responden a los bioactivos del olivo. Si se ignoran, podrían dar lugar a resultados poco fiables.

Los autores señalaron que, al controlar o hacer un seguimiento minucioso de estas «variables del huésped», los investigadores pueden mejorar la calidad, la precisión y la reproducibilidad de sus hallazgos, asegurando así que los efectos observados se deban realmente a los compuestos estudiados, y no a diferencias personales o biológicas subyacentes.

«Para traducir estos conocimientos en recom­enda­ciones dietéticas y productos func­cionales se necesitarán estudios mul­ti­dis­ci­plinares e que combinen ensayos clínicos con enfoques avanzados de multi-ómica y biología de sistemas», escribieron los autores.

La multi-ómica se refiere al estudio integrado de múltiples capas biológicas, como los genes (genómica), las proteínas (proteómica), los metabolitos (metabolómica) y los microbios (microbiómica).

«Al profun­di­zar nuestra com­preh­en­sión me­ca­ni­sta y estanda­rizar las compo­si­ciones del aceite de oliva, podríamos aprovechar al máximo el potencial terapéutico de los bioactivos del olivo para los trastornos metabólicos, inflamatorios y relacionados con el eje intestino-cerebro», concluyeron los investigadores.