La dieta mediterránea y el ejercicio físico se asocian con una mejor salud intestinal en las personas mayores

El estudio demostró que estas mejoras en la salud intestinal reportaban importantes beneficios para la salud cardiovascular en los adultos mayores de la región mediterránea.

Un nuevo estudio publicado en *The American Journal of Clinical Nutrition* ha revelado que seguir una dieta mediterránea baja en calorías, junto con la actividad física, reporta importantes beneficios cardiovasculares.

La investigación sugiere que estos cambios en el estilo de vida influyen en la salud cardiovascular al alterar la composición bacteriana del colon y la producción de metabolitos.

Los hallazgos representan un avance sustancial en la comprensión de las medidas preventivas contra las enfermedades cardiovasculares, que son la principal causa de muerte en los países desarrollados.

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La dieta mediterránea se ha asociado desde hace tiempo con microbios intestinales y metabolitos beneficiosos, pero su efecto sobre el metaboloma fecal es poco conocido.

La dieta mediterránea tradicional implica un alto consumo de verduras, frutas, legumbres y frutos secos, un consumo moderado de pescado, un bajo consumo de carne, un consumo moderado de alcohol y el aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa.

Un mayor cumplimiento de la dieta mediterránea se correlaciona con bacterias intestinales y metabolitos beneficiosos, lo que se atribuye al aumento de especies degradadoras de fibra y a respuestas antiinflamatorias.

Sin embargo, sus efectos sobre la microbiota intestinal y el metaboloma plasmático son inconsistentes entre los distintos estudios, con impactos poco claros sobre los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Con el último estudio, los investigadores se propusieron evaluar el impacto en la pérdida de peso de una intervención de estilo de vida de un año de duración basada en una dieta mediterránea hipocalórica combinada con actividad física (grupo de intervención), en comparación con una dieta mediterránea ad libitum (grupo de control), sobre los metabolitos fecales, la microbiota y sus vínculos con los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La inter­ven­ción afectó a cuatro metaboli­tos fecales, compu­sados princi­pal­mente por ácidos biliares, ceramidas, esfingosinas, ácidos grasos, carnitinas, nucleótidos y metaboli­tos del ciclo de Krebs y de las purinas.

En el estudio participaron 400 personas de entre 55 y 75 años con alto riesgo cardiovascular, y los datos se recopilaron al inicio del estudio y al cabo de un año.

Los investigadores observaron que el grupo de intervención presentó una mayor pérdida de peso y una mejora de los factores de riesgo cardiovascular en comparación con el grupo de control.

Estos cambios se asociaron con alteraciones en los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Además, se redujeron ciertos géneros de bacterias intestinales y aumentó la diversidad alfa en el grupo de intervención.

Los resultados del estudio sugirieron una interacción entre la dieta, los metabolitos y la microbiota intestinal. Mientras que estudios previos se centraron en los metabolitos plasmáticos o urinarios, pocos exploraron el metaboloma fecal.

Los resultados de los participantes con obesidad y síndrome metabólico indicaron reducciones en el colesterol plasmático y en las concentraciones de ácidos biliares fecales (metabolitos implicados en la absorción de nutrientes) tras la intervención con la dieta mediterránea.

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La intervención enriqueció los géneros de bacterias intestinales relacionados con el metabolismo de los ácidos biliares y aumentó la cadaverina fecal, lo cual se asocia con una mayor sensibilidad a la insulina.

Los participantes del grupo de intervención mostraron reducciones más significativas en la adiposidad (acumulación de tejido adiposo) y mejoras en el perfil lipídico y los marcadores de glucosa.

Además, se observaron disminuciones en la abundancia de E. hallii y Dorea spp. en el grupo de intervención, relacionadas con cambios en los metabolitos fecales y los factores de riesgo cardiovascular.

E. hallii está implicada en el metabolismo de la glucosa y la resistencia a la insulina, mientras que Dorea spp. se asocia con la prediabetes y los niveles elevados de glucosa en sangre.

Los investigadores reconocieron que el estudio tenía algunas limitaciones. Los participantes eran adultos mayores de la cuenca mediterránea con afecciones de salud específicas, por lo que generalizar los resultados a otras poblaciones podría no ser apropiado.

Además, el método de secuenciación utilizado en el estudio limita el perfil taxonómico al nivel de género, lo que dificulta la diferenciación entre bacterias estrechamente relacionadas y limita la capacidad de inferir su funcionalidad.

Sin embargo, el estudio presenta puntos fuertes notables. A pesar de que la muestra no es representativa, los hallazgos son relevantes para una parte significativa de la población mundial con alto riesgo de padecer enfermedades cardiometabólicas.

El diseño aleatorizado y controlado permitió establecer la causalidad y evaluar los efectos de la intervención, con ajustes realizados para factores de confusión significativos, lo que redujo la confusión residual. Aunque el método de secuenciación tiene limitaciones, es adecuado para analizar muchas muestras.

Más allá de los resultados de salud individuales, los investigadores afirmaron que comprender el impacto de estas intervenciones en la microbiota intestinal arroja luz sobre los mecanismos subyacentes a la mejora de los biomarcadores cardiometabólicos.

Esperan que este conocimiento sirva de base para estrategias de salud pública específicas y recomendaciones de salud personalizadas, adaptando las intervenciones en función de los perfiles individuales del microbioma para lograr una prevención y un tratamiento más eficaces de las enfermedades cardiometabólicas.