España apuesta por las biorrefinerías para generar nuevas fuentes de ingresos para los pequeños productores
Los productores de aceite de oliva y los investigadores están trabajando para llevar las biorrefinerías a los productores rurales de Andalucía. El objetivo es complementar los ingresos y, al mismo tiempo, hacer que las almazaras sean más sostenibles.
Los precios del aceite de oliva, que se mantienen bajos desde hace más de un año y que han afectado a los productores españoles, están obligando a algunos a buscar formas de añadir valor en otras fases del proceso de producción.
Acesur, uno de los mayores productores de aceite de oliva del mundo, se ha asociado con otras empresas agrícolas e investigadores en un nuevo proyecto con el objetivo de crear valor a partir de los residuos que se generan en la extracción del aceite de oliva.
Las biorrefinerías a pequeña escala en zonas rurales son un instrumento clave de la nueva bioeconomía promovida por la UE para optimizar los recursos de biomasa
Bajo los auspicios del proyecto Alpeocel, los colaboradores planean desarrollar nuevos procesos de biorrefinería para convertir el alpeorujo —una mezcla de agua, hollejos, huesos y pulpa de aceituna— en otros compuestos que puedan utilizarse en la fabricación de fertilizantes, cosméticos y biomasa.
Aunque estos procesos ya existen a mayor escala tanto en España como en otros lugares de la Unión Europea, el objetivo de esta iniciativa es crear biorrefinerías a pequeña escala en zonas rurales.
Véase también: Noticias sobre sostenibilidad«Se trata de una iniciativa pionera en España en la que pretendemos aplicar el modelo de biorrefinería a las instalaciones existentes, como los olivares, ampliando su alcance y permitiendo así mejorar la viabilidad técnico-económica y medioambiental [de los olivares]», afirmó Fátima Vargas, del departamento de biotecnología de Ainia, que presta asistencia técnica al proyecto.
«Además, podemos encontrar sinergias entre los nuevos procesos de biorrefinería y las tecnologías de procesamiento disponibles para obtener una amplia gama de nuevos bioproductos y bioenergía», añadió.
Según Ainia, una organización sin ánimo de lucro centrada en la agroindustria, aproximadamente el 80 % de las aceitunas que se procesan en las almazaras se convierten en orujo. Se estima que por cada libra de aceitunas que se transforma en aceite, se generan entre una libra (0,45 kilogramos) y 2,5 libras (1,13 kilogramos) de orujo.
Debido a las características químicas de estos subproductos y a las grandes cantidades que se obtienen, los productores suelen tener que pagar para que se retiren los residuos, lo que supone un coste adicional para su presupuesto.
Acesur y sus colaboradores apuestan por que la incorporación de biorrefinerías a estas pequeñas explotaciones convertirá ese coste en una fuente adicional de ingresos.
Sin embargo, aún no está claro exactamente cuántas de estas biorrefinerías se construirán, qué productores podrán beneficiarse de ellas y cuánto valor añadido aportarán al proceso de producción.
Representantes tanto de Acesur como de Ainia se limitaron a indicar que el proyecto se encuentra en una fase muy temprana y que dispondrán de más información a medida que avance.
El proyecto, de 1,66 millones de euros (1,87 millones de dólares), está cofinanciado por el Centro para el Desarrollo de la Tecnología Industrial de España y el fondo de la UE para el desarrollo regional.
«Las biorrefinerías a pequeña escala en zonas rurales son un instrumento clave de la nueva bioeconomía promovida por la UE para optimizar los recursos de biomasa», afirmó Vargas.
La esperanza es que estas biorrefinerías estén plenamente operativas a tiempo para la cosecha de 2021, y que las primeras se instalen en las provincias de Córdoba y Jaén, las principales productoras de aceite de oliva del mundo.