La cosecha de aceitunas en la Toscana se recupera con resultados mejores de lo esperado
Las condiciones de sequía mantuvieron a raya a las plagas, las lluvias otoñales favorecieron a las plantas y ahora los agricultores de esta región del centro de Italia celebran una cosecha de aceite de oliva mejor de lo esperado.
Los productores de aceite de oliva de la Toscana están obteniendo una cosecha mejor de lo esperado, ya que su rendimiento supera tanto las cosechas de la temporada pasada como las estimaciones iniciales para esta temporada. En la Toscana, también se informa de que la calidad del nuevo aceite de oliva es muy alta. Este resultado se atribuye en gran medida a la escasa presencia de la mosca del olivo, cuya reproducción se ha visto reducida por las temperaturas prolongadas superiores a la media.
«La campaña 2022/2023 ha comenzado con una nota positiva y alentadora. Podemos prever un aumento final del rendimiento del aceite de oliva de entre un 15 y un 20 % en comparación con la última campaña», declaró a Olive Oil Times Fabrizio Filippi, presidente del Consorcio para la protección del aceite de oliva virgen extra de la IGP (Indicación Geográfica Protegida) de la Toscana.
Tras muchos meses de sequía, que ha azotado a toda Italia desde el invierno de 2021, las lluvias de agosto de este año en gran parte de la Toscana han marcado la diferencia. Además, a principios de otoño cayeron más precipitaciones de lo normal en esta región del centro de Italia.
«Estas condiciones han contribuido a la recuperación de las plantas, que en algunas zonas ya mostraban signos de estrés hídrico. Los frutos pudieron finalmente desarrollarse correctamente, evitando anomalías cualitativas. Aun así, la situación no es homogénea y la producción ha descendido en aquellas zonas donde la sequía ha estado causando estragos», señaló Filippi.
Según el experto toscano, a medida que cambia el clima, las numerosas microrregiones de la Toscana requerirán condiciones cada vez más específicas para cultivar bien los olivos. «Dicho esto, hemos observado un aumento de la cosecha en las zonas más interiores y volúmenes más bajos en algunas regiones costeras», explicó Filippi.
Al igual que en todo el sector olivarero italiano, los productores de aceite de oliva de la Toscana también se enfrentan a la crisis energética y al aumento de los precios de las materias primas, una situación agravada por la inflación y la guerra de Rusia en Ucrania.
Véase también: Noticias del sector del aceite de oliva«A todo esto hay que añadir, sin duda, el escenario medioambiental, con el rápido y preocupante fenómeno del cambio climático, cuyos efectos son visibles en nuestra vida cotidiana», señaló Filippi. «Las anomalías térmicas y pluviométricas, así como los fenómenos extremos, han caracterizado constantemente todas y cada una de las temporadas de cosecha de aceitunas desde hace unos ocho años», añadió.
Uno de los aspectos cruciales de la campaña de recolección para los productores de aceite de oliva virgen extra de la Toscana ha sido la gestión de la temperatura de los frutos. Dado que la cosecha comenzó en un otoño más cálido de lo habitual, los productores advirtieron de que la calidad del aceite de oliva podría verse comprometida por las temperaturas excesivas.
«Hemos realizado importantes inversiones para renovar nuestras instalaciones de molienda de aceitunas y eso resultó crucial para hacer frente a unas temperaturas tan superiores a lo normal», declaró a Olive Oil Times Gionni Pruneti, agrónomo y copropietario de Frantoio Pruneti, ganador del Premio de Oro en el Concurso Internacional de Aceite de Oliva de Nueva York 2022.
Más concretamente, la nueva almazara de Pruneti incluía una línea de refrigeración que se encarga tanto de preenfriar las aceitunas frescas a temperaturas óptimas como de mantener la temperatura constante durante las operaciones de molienda.
«Durante todo el proceso de extracción, tan pronto como detectamos que la temperatura está subiendo, podemos intervenir inmediatamente para bajarla y volver a situarla dentro de nuestros estándares de calidad», señaló Pruneti.
Refiriéndose a la normativa que rige la producción de aceite de oliva virgen extra certificado de la Toscana, Pruneti subrayó que «de hecho mantenemos temperaturas de funcionamiento inferiores a las exigidas por la normativa del producto. Estas temperaturas más bajas son las más adecuadas para extraer de nuestros frutos todos sus sabores y aromas», añadió.
Pruneti destacó un rendimiento satisfactorio del aceite de oliva en términos de volumen y señaló una mayor calidad del producto final. «En comparación con 2021, sin duda obtuvimos mayores volúmenes. Las proporciones de hueso, pulpa y piel de las aceitunas fueron sin duda mejores», afirmó Pruneti.
El aceite de oliva virgen extra IGP de la Toscana es el más reconocido de los 49 productores de aceite de oliva italianos certificados. Según los últimos datos de Ismea/Qualivita, aproximadamente el 20 % de toda la producción de aceite de oliva de la Toscana se realiza bajo el marco normativo de la IGP.
En cuanto al valor, los AOVE de la IGP Toscana representan alrededor del 30 % de la producción de aceite de oliva virgen extra certificado en Italia. Las exportaciones de AOVE de la Toscana aportaron 35 millones de euros del valor total de 66 millones de euros de las exportaciones de aceite de oliva virgen extra italiano certificado.
Según Filippi, la producción de aceite de oliva toscano presenta algunas vulnerabilidades específicas. Por ejemplo, al menos el 30 % del cultivo de olivos se lleva a cabo en zonas remotas, donde tradicionalmente se asocia más con el paisajismo que con la producción de aceite de oliva.
«La tarjeta de identidad [del cultivo del olivo] de la Toscana presenta rasgos frágiles y escasos, por así decirlo, ya que una hectárea es la superficie media de la explotación, que produce de media un litro de aceite de oliva por planta. A esto hay que añadir que aproximadamente el 30 % de los olivares acaban abandonados», señaló Filippi.
Para dar un nuevo impulso a la producción de la región, Filippi señaló que aproximadamente el 10 % de la superficie olivarera podría destinarse a modelos de cultivo de olivo más productivos y modernos, incluidos los olivares intensivos o de alta densidad.
«No obstante, todas las variedades tendrían que ser de origen toscano y formar parte del germoplasma autóctono de la región para salvaguardar el patrimonio genético, medioambiental, paisajístico y de identidad», afirmó Filippi.
Filippi señaló que algunas de las fragilidades del mercado de la región están relacionadas con la falta de conocimiento entre los consumidores tanto de la calidad como del significado de las certificaciones regionales, como la Denominación de Origen Protegida (DOP) y la IGP.
Los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Bosques muestran que solo el 30 % de los consumidores sabe qué significan las indicaciones geográficas oficiales. Esta información influye en el valor percibido del producto y, por lo tanto, en su precio y en los márgenes de beneficio asociados para toda la cadena de producción.
En este contexto, «los consumidores no están lo suficientemente informados como para orientar su elección hacia aceites de oliva certificados y de alto valor. Eso significa que la elección siempre se hace partiendo del precio del producto, el más barato o el que se aproxime a ese», señaló Filippi.
Según Pruneti, los precios del aceite de oliva virgen extra de gama alta no se han visto afectados de manera significativa por el aumento de los precios de otras categorías de aceite de oliva que se venden en los estantes de los supermercados.
«Por supuesto, también tenemos que hacer frente al aumento de los precios de las materias primas, por lo que una subida de precios ha sido inevitable. Aun así, nuestros precios han subido mucho menos que los de otros productos o otras categorías de calidad», precisó Pruneti.
Según Pruneti, los productores de aceite de oliva de alta calidad podrían beneficiarse de la nueva realidad del mercado. «El producto de alta gama podría ahora captar a consumidores que han visto subir los precios [de su producto habitual] y que, por lo tanto, se sienten tentados a gastar un poco más en un producto de categoría superior», añadió Pruneti, aludiendo a las numerosas iniciativas de la empresa destinadas a fomentar la concienciación de los consumidores sobre los aceites de oliva de mayor calidad.
Según Filippi, la actual subida del precio del aceite de oliva se ha visto frenada en gran medida en el segmento de gama alta gracias a la iniciativa de productores individuales. «Debemos dar las gracias a las empresas que se arriesgaron y están saliendo al mercado con márgenes más bajos para garantizar que su producto esté disponible a precios asequibles», señaló.
«El déficit cultural que muestran los consumidores debe representar el camino hacia una estrategia de comunicación cada vez más intensa, clara y común, destinada tanto a posicionar el producto certificado como a marcar la diferencia con los demás aceites. Todo ello con el fin de intentar disipar esa percepción crónica del aceite de oliva como un simple producto básico, desprovisto de cualquier caracterización y personalización», concluyó Filippi.