Las prohibiciones del aceite de palma encuentran resistencia en el sudeste asiático

Sri Lanka ha decidido eliminar por completo sus plantaciones de palma. Mientras tanto, Estados Unidos y la Unión Europea están reduciendo sus importaciones debido a preocupaciones medioambientales y laborales.

Varios países han adoptado medidas contra la producción y el uso del aceite de palma, una iniciativa que ha ejercido presión sobre los principales productores del sudeste asiático.

En Sri Lanka, uno de los principales productores e importadores de aceite de palma, el Gobierno ha instado a los productores a arrancar sus plantaciones de palmeras, y las importaciones están prohibidas desde principios de abril, según informó Reuters.

La opinión de los consumidores es ahora tan negativa que sería una batalla difícil ganar sus corazones y sus carteras.– Gotabaya Rajapaksa, presidente de Sri Lanka

El cultivo de palmeras se ha expandido en los últimos años, con plantaciones que cubren aproximadamente 11 000 hectáreas. Los ecologistas han advertido de que la producción de aceite de palma provoca la deforestación y daña los ecosistemas.

«Las empresas y entidades que hayan llevado a cabo dichos cultivos (de aceite de palma) deberán eliminarlos de forma gradual, arrancando un 10 % cada vez y sustituyéndolos por el cultivo de caucho o cultivos respetuosos con el medio ambiente cada año», declaró el presidente Gotabaya Rajapaksa en un comunicado, añadiendo que tenía previsto hacer que el país «se librara de las plantaciones de palma aceitera y del consumo de aceite de palma».

Véase también: Malasia critica la recomendación de la OMS contra el consumo de aceite de palma durante la pandemia

Hace unos meses, Estados Unidos suspendió las importaciones de aceite de palma procedentes de dos de las mayores empresas productoras del mundo, con sede en Malasia, debido a la preocupación por las prácticas laborales ilícitas en el proceso de producción.

En otro golpe a la industria del aceite de palma, en 2019, la Unión Europea se comprometió a eliminar gradualmente el uso de aceite de palma en los biocombustibles para 2030, debido a la preocupación de que el cultivo extensivo de palmeras sea insostenible y provoque la deforestación.

Francia, sin embargo, se ha adelantado y eliminará el aceite de palma como ingrediente de los biocombustibles a partir de noviembre de 2020. Otros Estados miembros de la UE, entre ellos Alemania y Lituania, también siguen la misma línea de poner fin al uso del aceite de palma en los biocombustibles antes de lo previsto.

Malasia, el segundo mayor productor de aceite de palma del mundo después de Indonesia, se ha opuesto a la prohibición de la UE presentando una objeción ante la Organización Mundial del Comercio.

Indonesia y Malasia también están planeando una campaña en Europa para disipar las preocupaciones existentes sobre las consecuencias de la producción de aceite de palma. Aunque hay compradores de aceite de palma más importantes que Europa, como India y China, el continente sigue considerándose un mercado crucial.

«Ya no hablamos de la normativa de la UE contra el aceite de palma. Hablamos de toda una generación de ciudadanos que creen que el aceite de palma es realmente malo», afirmó Long Tian Ching, vicepresidente de la Asociación Malasia de Biodiésel. «La opinión de los consumidores es ahora tan negativa que sería una batalla difícil ganar sus corazones y sus carteras».