Una investigación revela cómo un patógeno mortal infecta a los olivos

Investigadores de la Universidad de Córdoba estudiaron cómo el fluido que emiten las raíces del olivo facilita la germinación del hongo responsable de la marchitez por Verticillium.

Mediante un nuevo método de análisis in vitro, investigadores del departamento de agronomía de la Universidad de Córdoba han demostrado cómo el fluido que emiten las raíces del olivo favorece la germinación del hongo causante de la marchitez por Verticillium.

Los investigadores esperan que los resultados, publicados en Plant and Soil, allanen el camino hacia medidas de control más eficaces contra esta enfermedad fúngica transmitida por el suelo que afecta a una amplia gama de plantas, incluidos los olivos.

«La mejor manera de establecer medidas de control de forma racional contra los patógenos de los cultivos es conocer en profundidad los mecanismos implicados», afirmó Antonio Trapero-Casas, profesor de producción vegetal de la universidad. «Este estudio es un intento de conocer dichos mecanismos», añadió.

Véase también: Comprender la relación entre los hongos y el clima podría frenar el costoso patógeno del olivo

La marchitez por Verticillium es actualmente una de las mayores amenazas para los olivares de todo el mundo, ya que no se conoce ningún método para controlarla de forma eficaz.

Aunque existen variedades de olivo resistentes, son menos productivas y siguen siendo vulnerables. La Picual, la variedad comercial más común, es también la más susceptible al patógeno.

En 2021, el departamento de agronomía de la Universidad de Córdoba afirmó que sus cuatro años de esfuerzos para combatir la marchitez por Verticillium mediante el injerto de olivos andaluces con variedades resistentes, la estrategia más prometedora hasta la fecha, no habían dado resultados en el campo.

Una vez que Verticillium dahliae, el hongo que causa la marchitez, ha infectado a un huésped, este se vuelve vulnerable a otros tipos de hongos, bacterias y protozoos.

También entran en juego microbios oportunistas, como nematodos y amebas, que, aunque inicialmente no participan en la infección, se alimentan de las sustancias generadas por los mecanismos de defensa naturales del olivo.

Un obstáculo importante para el control del patógeno es su capacidad para sobrevivir en el suelo hasta 14 años hasta que encuentra las raíces de sus plantas hospedadoras, las cuales, durante su crecimiento, secretan sustancias llamadas exudados que influyen en los microorganismos circundantes.

Para estudiar el papel de estos exudados, los investigadores extrajeron muestras de tres variedades de olivo: Frantoio, la más resistente; Arbequina, una variedad con resistencia media; y Picual, la más susceptible.

Descubrieron que los exudados de Frantoio no provocaban de forma significativa la germinación de Verticillium microsclerotia, mientras que los exudados de las variedades susceptibles sí lo hacían.

Microsclerotios de Verticillium

Los microsclerotios de Verticillium son estructuras pequeñas y duras producidas por el hongo causante de la marchitez por Verticillium que pueden sobrevivir en el suelo durante varios años. Constituyen la principal fuente de infección para nuevas plantas hospedadoras y son el medio por el que el hongo persiste en el suelo de una temporada a otra.

A continuación, los investigadores analizaron cómo los agentes de control biológico aplicados a las diferentes variedades de olivo podían alterar la función de los exudados.

Este análisis mostró que, en la variedad Frantoio, los exudados de las plantas tratadas no indujeron ni redujeron significativamente la germinación de las estructuras de resistencia del patógeno. Por el contrario, los exudados de las plantas tratadas de las variedades Picual o Arbequina redujeron significativamente la viabilidad de estas estructuras.

Los investigadores afirmaron que este resultado es significativo porque sugiere que los agentes de control biológico pueden modular el efecto de los exudados, disminuyendo así la capacidad del patógeno para infectar a los cultivares susceptibles.

El resultado se basa en el hallazgo de los investigadores de 2022 de que la aplicación de Aureobasidium pullulans y Bacillus amyloliquefaciens, dos microorganismos, y un fertilizante de fosfito de cobre potenciaba las defensas naturales de los olivos contra el hongo.