Los antiguos olivares de Capri son reservorios de biodiversidad
Los investigadores han rastreado los orígenes de los olivos de la isla hasta Creta y la Italia continental, y han descubierto 21 nuevas variedades.
Un estudio sobre los olivos centenarios de Capri ha permitido descubrir variedades de olivo hasta ahora desconocidas y aportar otros datos interesantes sobre la edad y el origen de estos árboles monumentales que crecen en la isla italiana.
La investigación, publicada en Scientia Horticulturae por el Instituto de Biociencias y Biorrecursos del Consejo Nacional de Investigación (IBBR-CNR) de Perugia, fue el resultado de más de una década de trabajos de restauración llevados a cabo por L’Oro di Capri en los olivares abandonados de la parte occidental de la isla.
La identificación de genotipos antiguos hasta ahora desconocidos… resulta de gran utilidad a la hora de encontrar soluciones para los retos agrícolas globales actuales
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«Nuestra investigación se centró primariamente en los árboles antiguos, de acordo con las indicaciones recibidas por el comité técnico de la asociación», explicó Soraya Mousavi, líder del grupo de investigación, a Olive Oil Times. «Recogimos 67 muestras de 27 olivos monumentales».
Los investigadores recogieron muestras de la copa y del portainjerto. «Normalmente analizamos estas dos partes de los árboles centenarios por separado para detectar si hay casos de injerto», explicó Mousavi.
Véase también: Investigadores identifican tres variedades de olivo resistentes a un hongo muy extendidoSin embargo, solo se tomaron muestras de la copa en 13 árboles en los que un pequeño tronco brotaba del tocón original o en los que los árboles crecían como arbustos.
La identificación molecular reveló que la mayoría de las muestras son genéticamente idénticas a la variedad Dritta di Moscufo, originaria de la región italiana central de Abruzzo.
Se encontraron injertos en dos olivos, cuyas copas pertenecen a la variedad, mientras que la mayoría de los árboles resultaron ser de propagación clonal.
Los genotipos de un grupo más pequeño de muestras eran idénticos a la variedad Throumbolia, cultivada principalmente en la isla griega de Creta.
Además, se encontraron los perfiles genéticos de Itrana, Frantoio y Leccino en algunos otros árboles.
«Un hallazgo interesante es la detección de 21 genotipos antiguos que resultaron ser únicos tras haber sido comparados con 475 cultivares de olivo de todo el mundo», afirmó Mousavi. «Todo ello da lugar a una considerable diversidad genética en la isla».
El material vegetal se genotipificó utilizando marcadores de secuencias repetidas únicas, ampliamente utilizados para la caracterización de variedades en la mayoría de las colecciones de germoplasma de olivo.
Ahora, los genotipos detectados enriquecerán la colección del IBBR-CNR, que incluye una base de datos con más de 5000 perfiles genéticos y un repositorio de ADN de olivo con más de 10 000 muestras.

Un olivo centenario en Anacapri, en la isla de Capri (Foto: L’Oro di Capri)
La base de datos y el repositorio constituyen puntos de referencia fundamentales para los bancos de germoplasma a nivel nacional e internacional.
«Tras encontrar árboles de la variedad Throumbolia, nos adentramos en la historia del cultivo del olivo en la isla para comprender cómo y cuándo llegaron estas plantas», afirmó el coautor Roberto Mariotti. «Los documentos facilitados por nuestros colegas que estudian la historia y la arqueología de la isla atestiguan que el cultivo del olivo ya se practicaba hace 500 años».
«La presencia de griegos en la isla está atestiguada en la Antigüedad», añadió. «Podemos hipotetizar que introdujeron y cultivaron variedades que parecían interesantes en aquel momento para el comercio u otros fines, especialmente teniendo en cuenta que la Throumbolia es una variedad de frutos grandes».
Por otra parte, es probable que los árboles pertenecientes a la variedad Dritta fueran traídos a la isla por frailes del monasterio de Moscufo, en la provincia de Pescara, Abruzzo.
Además, es posible que las aves hayan contribuido a la propagación de los demás genotipos de olivo en la isla.
«Los olivos se han propagado tanto gracias a quienes se trasladaron a la isla trayendo consigo árboles de otros lugares como a partir de semillas dispersadas por las aves, especialmente las migratorias», afirmó el coautor Saverio Pandolfi.
«A menudo, debido a estos factores, es fácil encontrar una rica diversidad genética entre los olivos que crecen en las islas», añadió. «Las aves se llevan las semillas de otro lugar, las guardan en el estómago o en el buche [parte del tracto digestivo utilizada para el almacenamiento de alimentos antes de la digestión] y, finalmente, las dejan caer».
«Su sistema digestivo crea las condiciones ideales para el desarrollo de las semillas, que luego se fertilizan de forma natural y, una vez en el suelo, germinan muy rápidamente», continuó Pandolfi. «Sea cual sea el origen, ya sea de los seres humanos o de las aves, la singularidad genética de estas plantas las hace útiles para los próximos estudios».
La datación por radiocarbono estima que 12 árboles monumentales de la isla tienen entre 100 y 900 años.

Los investigadores estiman que los olivos más antiguos de Capri tienen entre 100 y 900 años. (Foto: Luciano Romano)
Esto es una prueba de que el cultivo y la domesticación del olivo se prolongaron durante mucho tiempo antes de que los olivares fueran abandonados en el siglo pasado y, finalmente, recuperados por L’Oro di Capri.
«La identificación de genotipos antiguos hasta ahora desconocidos, que se traducen en nuevas variedades de olivo a nuestra disposición, resulta de gran utilidad a la hora de encontrar soluciones para los retos agrícolas globales actuales», afirmó Mariotti.
«Las características que han hecho que los árboles sean resistentes durante cientos de años en este entorno específico pueden aprovecharse para abordar los problemas actuales, prestando especial atención al urgente problema del cambio climático, que está afectando en gran medida al rendimiento de los olivos».
Hoy en día, los genotipos únicos que se encuentran en la isla pueden utilizarse en futuros proyectos de mejora genética. En términos agronómicos, los olivos podrían propagarse y someterse a pruebas de estrés ambiental y biológico.
«Estos árboles representan, sin duda, una reserva genética útil que puede emplearse para hacer frente a enfermedades nuevas y emergentes», afirmó Pandolfi. «Por lo tanto, tienen un gran valor en términos de conservación de material genético».
En las conclusiones del estudio, los investigadores destacaron cómo los seres humanos han contribuido de manera significativa a la drástica disminución de la diversidad del olivo a todos los niveles, desde las subespecies hasta los cultivares.
Por ello, consideran que ahora es «imprescindible» recuperar los restos de genotipos antiguos, comenzando por el estudio de los olivos monumentales y sus portainjertos, y preservar la biodiversidad presente en los olivares antiguos de todo el mundo.
«No sabemos mucho sobre el comportamiento agronómico de estos olivos, y ahora el objetivo es comprender este aspecto», afirmó Pandolfi. «Es importante mantener una base de datos con toda la información recopilada, incluyendo su ubicación y fotografías. Esto también ayudará a crear un itinerario de oleoturismo a lo largo del cual los visitantes puedan encontrar información científicamente validada».