La crisis del coronavirus afecta con mayor dureza a los pequeños productores en Portugal

El consumo interno se ha desplomado debido al cierre de restaurantes y a que las habitaciones de hotel permanecen vacías. Las exportaciones también han caído, ya que países de todo el mundo están cancelando sus pedidos de aceite portugués.

«Estamos sintiendo el impacto de la crisis y lo vamos a sentir aún más», declaró a Olive Oil Times Mariana Teles Branco, técnica de marketing y calidad del Centro de Estudio y Promoción de los Aceites de Oliva del Alentejo (CEPAAL).

Al igual que casi todos los demás países del mundo, Portugal se está viendo afectado por la pandemia del coronavirus y el dinámico sector del aceite de oliva del país no se ha librado de sus consecuencias negativas.

El cierre de restaurantes, hoteles y pequeños comercios está teniendo un impacto. Se trata de compradores importantes a nivel nacional y gran parte del aceite de oliva no se venderá porque ese canal se ha interrumpido. —Mariana Teles Branco, técnica de marketing y calidad del CEPAAL

El efecto de la enfermedad en el país ibérico, sin embargo, ha sido hasta ahora menor que en la mayoría de sus vecinos europeos.

A fecha de 22 de abril, se registraban en Portugal 21 379 casos de COVID-19 y 762 fallecidos, lo que supone una tasa de alrededor de siete fallecidos por cada 100 000 habitantes en un país con una población de poco más de 10 millones de personas.

Estos datos muestran un marcado contraste con los de España, que tiene una tasa de unas 45 muertes por cada 100 000 habitantes; Italia, con una tasa de aproximadamente 40 fallecidos por cada 100 000; y Francia, con una tasa de 30 muertes por cada 100 000.

Véase también: Actualizaciones sobre la COVID-19

Según los expertos, la reacción relativamente temprana del Gobierno portugués ha sido crucial para frenar la propagación de la enfermedad.

Portugal entró en estado de alerta el 13 de marzo y, solo cinco días después, pasó a un estado de emergencia aún más estricto. En ese momento, solo se habían registrado tres muertes por el nuevo coronavirus y 785 casos confirmados en el país. Cuando España adoptó medidas similares, ya contaba con 84 fallecidos.

Desde hace más de un mes, Portugal vive bajo un confinamiento general, lo que, en la práctica, significa que solo se permiten los desplazamientos estrictamente esenciales, como comprar alimentos o medicamentos y practicar deporte durante breves periodos de tiempo.

La única frontera terrestre del país con España está cerrada, se han suspendido todas las clases, los bares, discotecas y restaurantes han echado el cierre y se han cancelado los eventos multitudinarios.

Esta situación anómala está afectando a la economía del país.

Según las últimas previsiones del FMI, el PIB portugués podría descender un 8 %, la tasa más alta registrada, ya que se prevé que el desempleo aumente del 6,5 % en 2019 a más del 13,9 % en 2020.

Aunque es poco probable que la próxima cosecha del país se vea muy afectada, la crisis está pasando factura a los productores de aceite de oliva de todo el país.

«En términos de producción, no tendrá un efecto tan grande, ya que todo esto comenzó cuando la campaña ya había terminado», afirmó Teles Branco. «En ese sentido, lo más importante ahora es asegurarse de que, de cara a la campaña 2020/21, los productores de aceite de oliva dispongan de todo lo necesario para cuidar de sus árboles y de que, cuando llegue el momento, la cosecha se realice de la mejor manera posible».

Portugal es actualmente el noveno mayor productor mundial de aceite de oliva. Este año, los productores registraron una cosecha de 125 400 toneladas, la segunda cifra más alta de la historia del país, y un estudio reciente sugiere que Portugal tiene el potencial de convertirse en el tercer mayor productor del mundo para 2030.

Alrededor del 71 % de la producción del país procede de la región del Alentejo.

El consumo interno es uno de los pilares fundamentales del sector del aceite de oliva del país. El país ibérico ocupa el cuarto puesto en consumo anual de aceite de oliva, tras Grecia, España e Italia, con 7,8 litros per cápita, frente a los 2,6 de principios de la década de 1990, según datos facilitados por Casa do Azeite, la Asociación Portuguesa del Aceite de Oliva.

«Al inicio de la crisis, el consumo de aceite de oliva creció, ya que se consideraba un producto esencial y duradero, pero creo que esa tendencia se está invirtiendo», afirmó Teles Branco.

«El cierre de restaurantes, hoteles y pequeños comercios está teniendo un impacto», explicó. «Se trata de compradores importantes a nivel nacional y gran parte del aceite de oliva no se venderá porque ese canal se ha interrumpido. Los pequeños productores están sufriendo un efecto muy negativo. Los grandes productores, que pueden vender en los supermercados, quizá puedan hacer frente mejor a la situación».

Francisco Pavão, presidente de la Asociación de Productores de Denominación de Origen Protegida de Trás-os-Montes y Alto Douro (APPITAD), describió la situación en esa región del noreste.

«Los pequeños productores de Trás-os-Montes prácticamente no están vendiendo nada», declaró a Olive Oil Times. «Dependen de los restaurantes y las tiendas que venden productos locales de calidad en ciudades turísticas, como Oporto y Lisboa. La situación para ellos es dramática. Las cooperativas que trabajan con los grandes supermercados aumentaron sus ventas durante las primeras semanas del confinamiento, pero también sufren la ralentización de los mercados internacionales, especialmente el brasileño».

Magna Olea es un pequeño productor cerca de Mirandela, en Trás-os-Montes, la segunda región productora de aceite de oliva del país, donde la proporción de productores tradicionales es mayor que en el Alentejo.

Maria do Pilar de Abreu e Lima, una de sus propietarias, explicó a Olive Oil Times cómo están afrontando la situación actual.

«Nuestro negocio se ha paralizado prácticamente», afirmó. «No estamos recibiendo muchos pedidos en este momento, pero creo que quienes tienen más problemas son aquellos que tienen trabajadores y salarios que pagar. Somos un pequeño productor de calidad y no tenemos empleados».

«Estamos aprovechando esta oportunidad para intentar iniciar nuevas líneas de negocio en el Reino Unido y Alemania», añadió. «Además, estamos apoyando a los chefs con los que trabajamos, ya que los restaurantes también están atravesando momentos difíciles. Intentamos utilizar los canales digitales para compartir recetas y promover el uso del aceite de oliva».

Las exportaciones portuguesas de aceite de oliva también están sufriendo las restricciones de movilidad a nivel internacional. El volumen de exportaciones de aceite de oliva del país se ha más que triplicado en los últimos 10 años, pasando de 51 774 toneladas en 2010 a 158 688 en 2019, según Casa do Azeite. Brasil representa alrededor del 38 % de ese comercio.

«Las exportaciones también han sufrido un impacto brutal», afirmó Teles Branco. «A diferencia de los países productores, muchos de los importadores no consideran el aceite de oliva un producto básico, sino de lujo. Se han cancelado muchos pedidos internacionales».

«Tenemos que cambiar esa mentalidad y promover el aceite de oliva para que se considere un producto esencial en los países no productores. Tenemos la oportunidad de promover los beneficios para la salud del aceite de oliva y de enseñar nuevos usos de este producto en casa», añadió.

Pavão comparte la conclusión de que un esfuerzo de comunicación, tanto a nivel internacional como nacional, será clave para el futuro del sector del aceite de oliva en Portugal.

«Ahora tenemos que llegar a los hogares de nuestros clientes», afirmó. «A nivel internacional, debemos invertir en la promoción del aceite de oliva como base de la dieta mediterránea. Tenemos que hablar de sus beneficios para la salud y también de lo importante que es la producción de aceite de oliva para nuestros territorios y nuestra cultura».