El acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur se pondrá en marcha de forma provisional a pesar de la creciente oposición
La Comisión Europea sigue adelante con la puesta en marcha provisional del pilar comercial del acuerdo entre la UE y Mercosur, a pesar de que la oposición política y la resistencia del sector agrícola se intensifican en toda Europa.
La oposición de figuras clave de las instituciones europeas y del sector agrícola está ejerciendo una presión cada vez mayor sobre la puesta en marcha de un importante acuerdo entre la Unión Europea y los cuatro países del Mercosur.
Tal y como anunció recientemente la Comisión Europea, se espera que el componente comercial del acuerdo entre en vigor de forma provisional el 1 de mayo, una vez que tanto la Unión Europea como los países del Mercosur —Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— hayan intercambiado notificaciones formales que confirmen la finalización de sus procedimientos internos.
Tras la reciente ratificación por parte de la Cámara de Diputados de Paraguay, todos los países miembros del Mercosur han completado ya sus procesos de aprobación internos y se espera que procedan a la notificación formal a Bruselas.
Dado que tanto la Comisión Europea como el Consejo Europeo están de acuerdo en el procedimiento, y que la Comisión presiona para una rápida implementación, la notificación de la UE ya está en camino.
El Acuerdo Comercial Provisional entrará, por tanto, en vigor mucho antes que el Acuerdo de Asociación, que constituye la otra mitad del acuerdo. Una vez aprobado de forma definitiva, ese acuerdo más amplio regirá una relación geopolítica más compleja entre los dos bloques.
La forma en que se percibe el acuerdo en Europa difiere notablemente de la opinión al otro lado del Atlántico. En los países del Mercosur, las expectativas son altas, y fuentes locales confirman una gran expectación entre los gobiernos y las empresas. Muchos ven el acuerdo como una oportunidad para impulsar las exportaciones al mercado europeo, atraer inversiones y profundizar la integración en las cadenas de valor globales.
En Europa, algunos sectores, entre ellos los productores y exportadores de aceite de oliva, también han aumentado sus expectativas respecto al nuevo acuerdo.
La resistencia al pacto, sin embargo, se ha consolidado en un movimiento amplio y cada vez más organizado en todo el continente. Entre las potencias agrícolas de la UE, Francia se ha erigido como el principal baluarte político, respaldada por Polonia, Irlanda, Austria y Hungría.
Todos votaron en contra del acuerdo cuando llegó al Consejo de la UE, donde, no obstante, fue aprobado. Desde entonces, el presidente francés Emmanuel Macron ha rechazado los términos actuales, calificando el acuerdo de violación de la soberanía nacional y de amenaza directa al modelo agrícola francés.
«Es un acuerdo de otra época, negociado durante demasiado tiempo sobre bases que ahora están obsoletas», afirmó Macron. En su opinión, la decisión de la Comisión de proceder a la activación del Acuerdo Comercial Provisional sin esperar a la votación final del Parlamento Europeo es tanto un error como una sorpresa desagradable.
Aunque el Gobierno italiano apoya formalmente el acuerdo, la asociación agrícola nacional, Coldiretti, ha encabezado una campaña en su contra, argumentando que inundaría el mercado con productos elaborados con sustancias químicas prohibidas por la legislación europea. El grupo también ha expresado su preocupación por la transparencia, acusando a Bruselas de eludir el escrutinio democrático en favor de los grupos de presión industriales en detrimento de la seguridad alimentaria local.
En España, las divisiones también son evidentes. Mientras que Madrid apoya el acuerdo, muchos agricultores no lo hacen. Han organizado protestas con tractores en la capital, argumentando que las importaciones de bajo coste llevarían a la quiebra a los productores locales, que deben cumplir con normas medioambientales y laborales mucho más estrictas.
Según la asociación de jóvenes agricultores Asaja, «la decisión de aplicar provisionalmente el acuerdo comercial con el Mercosur es una auténtica traición institucional al sector agrícola europeo». La COAG, que coordina las asociaciones de agricultores y ganaderos del país, declaró que «es una grave irresponsabilidad por parte de la Comisión Europea aprobar este acuerdo de forma provisional cuando sus propios auditores confirman que el sistema brasileño no puede garantizar que la carne tratada con hormonas no llegue a nuestras mesas».
Esas divisiones también han encontrado su expresión política en el Parlamento Europeo, que recientemente votó a favor de solicitar un dictamen preliminar del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre si el acuerdo cumple con los tratados de la UE. Esa medida retrasó de inmediato la ratificación definitiva, ya que el Parlamento no puede votar sobre el acuerdo hasta que el Tribunal emita su dictamen.
La votación no bloquea la aplicación provisional de la parte comercial del acuerdo. No obstante, si el Tribunal de Justicia falla en contra del tratado, la decisión podría dar lugar a la suspensión o incluso a la revocación del acuerdo provisional. Esa posibilidad añade otra capa de incertidumbre, ya que el dictamen del Tribunal podría tardar hasta dos años en llegar.
Para los países del Mercosur, la puesta en marcha del pilar comercial es un reto significate en sí mismo, ya que los Estados miembros siguen viendo sus acciones limitadas por profundas asimetrias economicas y una regulación fragmentada.
Los analistas locales advierten de que, sin un mercado interior más unificado, las ágiles empresas europeas podrían superar a las empresas sudamericanas, ya que los socios del Mercosur siguen rezagados en la armonización de las normas técnicas y en la reducción de las brechas de infraestructura.
A medida que el Acuerdo Comercial Provisional se acerca a su entrada en vigor, el debate sobre la dimensión más geopolítica del acuerdo ha pasado en gran medida a un segundo plano. Sin embargo, esa parte va mucho más allá de las reducciones arancelarias, situando la relación entre los dos bloques dentro de un marco político y estratégico más amplio.
Además del comercio, el Acuerdo de Asociación establece un diálogo estructurado sobre cuestiones que incluyen la política climática, la protección del medio ambiente, los derechos humanos y la armonización normativa. Se espera que los compromisos relacionados con la sostenibilidad, incluida la adhesión al Acuerdo de París y las medidas para combatir la deforestación, determinen las normas de producción y los requisitos de trazabilidad en todos los países del Mercosur.
Esto también podría afectar al sector del aceite de oliva, influyendo en la forma en que se cultiva, certifica y comercializa el aceite de oliva en ambas regiones.
Al mismo tiempo, el acuerdo crea canales de cooperación técnica e intercambio de conocimientos que podrían apoyar la modernización y la innovación agrícolas. Esos mecanismos podrían, en última instancia, influir en la competitividad, el acceso a los mercados y la producción de alimentos de mayor calidad en ambos bloques.