La victoria en el NYIOOC forma parte del empeño del productor por mejorar la reputación del aceite de oliva virgen extra tunecino

Cuando Karim Fitouri se dio cuenta de que la reputación del aceite de oliva tunecino suponía un obstáculo para la exportación, decidió mejorar la imagen de su país en el sector del aceite de oliva.

Por sexto año consecutivo, el productor tunecino Olivko ha sido galardonado por sus aceites de oliva virgen extra ecológicos en el Concurso Mundial de Aceite de Oliva del NYIOOC.

Olivko se ha llevado cinco premios en la edición de este año del principal concurso de calidad del sector, entre ellos tres medallas de oro y dos de plata.

«Quiero dejar algo atrás. Quiero marcar la diferencia». – Karim Fitouri, Olivko

La empresa obtuvo los premios de oro por su Chetoui robusto, su Chemlali medio y su Wild Cultivar medio. Olivko también se llevó premios de plata por sus monovarietales Chetoui delicados y medios.

Karim Fitouri, fundador y propietario de Olivko, declaró a Olive Oil Times que la destacada irrupción de Olivko en la escena internacional refleja el auge del sector del aceite de oliva tunecino en su conjunto.

Véase también: Perfiles de productores

En 2011, Fitouri vivía en Inglaterra cuando se dio cuenta de que, aunque gozaba de una buena situación económica, no era feliz.

«Simplemente te dejas llevar por la vida, eso es todo, sigues el curso de la vida sin hacer ningún cambio; todo seguía igual», dijo.

Fitouri señaló que la necesidad de un cambio en su vida coincidió con la Revolución de los Jazmines en su Túnez natal.

Tras los 28 días de levantamiento popular, observó un mercado en auge para los muebles en su país natal debido al consiguiente boom de la construcción, lo que le llevó a tomar la decisión de importar muebles de China.

Reflexionando de camino al aeropuerto tras visitar a un amigo en China para abastecerse de muebles, llegó a la conclusión de que también sería una opción viable exportar alimentos a China. De esta forma, podría apoyar la economía de su país y ayudar al pueblo tunecino.

Fitouri barajó varios productos alimenticios tunecinos, como los tomates y los dátiles, pero finalmente se decantó por el aceite de oliva.

«En aquel momento, no sabía nada sobre el aceite de oliva, aunque nací en un país que es el segundo mayor productor después de la Unión Europea», afirmó.

Foto: Olivko

A través de un amigo en China, Fitouri concertó una reunión con un comprador que, junto con su hija, era propietario de 17 supermercados. Fitouri recogió una gran cantidad de aceite de oliva libre de aranceles de una almazara tunecina y envió el aceite a China vía Inglaterra.

El comprador tenía la impresión de que Fitouri era inglés y «le gustó el precio y el aceite», recordó.

«Pensé: “Vaya, esto es fácil, esto es genial”», dijo Fitouri riendo. Pero entonces se le vino el mundo abajo.

«De repente, me preguntó: “¿De dónde es este aceite?”. En cuanto le dije que era de Túnez, todo se detuvo», cuenta Fitouri.

Resultó que el comprador había tenido una experiencia negativa anterior con el aceite de oliva tunecino y prefería importarlo de Australia.

Fitouri contó que, durante el vuelo de 13 horas de vuelta a Inglaterra, se sentía «agonizando» al pensar en cómo la reputación del aceite de oliva tunecino había echado por tierra el acuerdo que estuvo a punto de cerrar. Entonces se encontró ante dos opciones.

«¿Vuelvo a Inglaterra y doy por terminado el asunto, o sigo adelante y labo una buena reputación para Túnez, de modo que yo pueda vender mi producto y otros productores puedan vender el suyo?», explicó.

Fitouri optó por la segunda opción y comenzó a estudiar las deficiencias de la producción de aceite de oliva tunecino, un proceso que le llevó cuatro años.

Descubrió que el clima de Túnez era óptimo para el cultivo del olivo y que contaba con variedades únicas, por lo que el país norteafricano tenía un potencial considerable como productor.

Foto: Olivko

Finalmente, llegó a la conclusión de que la principal razón de la mala reputación internacional del aceite de oliva tunecino era que el 90 % se exportaba a granel y sin etiquetar.

Fitouri afirmó que era responsabilidad del Gobierno mejorar la reputación de los productos de un país concreto, consciente de que sería una tarea titánica para una persona con recursos económicos limitados —«casi imposible», reflexionó—.

«Pero soy un hombre que no se rinde», añadió Fitouri. Decidió que una forma rentable para él, como individuo, de mejorar la imagen de su país era producir aceite de oliva virgen extra de alta calidad y participar en concursos.

Afirmó que, según sus investigaciones, sabía que el NYIOOC era el concurso de calidad de aceite de oliva más reconocido y fiable a nivel mundial. Llegó a la conclusión de que ganar premios en el NYIOOC mejoraría la reputación de Túnez como productor de talla mundial.

Fitouri explicó que Olivko se abastecía de aceitunas de toda Túnez para producir su aceite de oliva virgen extra. Recordó que el primer aceite de la empresa se prensó el 21 de diciembre de 2016 y que se presentó por primera vez al NYIOOC en abril de 2017.

Ese año, Olivko ganó un Premio de Oro —el primer Premio de Oro de Túnez en el concurso—, lo que para Fitouri fue la confirmación de que Túnez era capaz de producir aceite de oliva virgen extra de alta calidad.

Foto: Olivko

Fitouri afirmó que se dio cuenta de que un productor por sí solo no podía marcar la diferencia, por lo que se puso en contacto con otros y les explicó que tenían que trabajar juntos. En 2018, ayudó a algunos productores pagándoles las cuotas de inscripción.

Ese año, los productores ganaron 11 premios en el NYIOOC y han ido obteniendo cada vez más cada año, hasta alcanzar los 32 en 2022.

Además del número total de premios, el número de medallas de oro ha aumentado de forma constante cada año, y la tasa de éxito de los productores tunecinos en el concurso también ha seguido una tendencia al alza.

Fitouri señaló que uno de los momentos más destacados fue cuando Olivko ganó el premio «Best in Class» (ya desaparecido) en el NYIOOC de 2019 por su Chemlali. Esta variedad local representaba alrededor del 60 % de la producción de aceite de oliva tunecina y, hasta ese momento, se vendía a granel de forma anónima.

«Eso demostró que la idea de dar a conocer el aceite de oliva tunecino funcionaba», afirmó Fitouri.

Además de su estudio de cuatro años sobre el aceite de oliva tunecino, Fitouri decidió empezar a realizar cursos a través del Olive Oil Times Education Lab, lo que, según él, supuso un punto de inflexión.

«Si no hubiera sido por ese curso, no creo que nada de esto hubiera sucedido», afirmó Fitouri. «Aprendí mucho y conocí a mucha gente interesante. También ha cambiado mi forma de ver los aceites de oliva. Todo cambió a partir de ese momento».

Fitouri explicó que Olivko se abastece de aceitunas de toda Túnez para producir sus aceites de oliva virgen extra ecológicos, que han ganado más de 100 premios a lo largo de los años y se venden en Oriente Medio, India, Europa, Canadá y Estados Unidos, entre otros.

La empresa suministra aceite de oliva virgen extra para el envasado de atún en conserva y ha creado Olivko Kids, un aceite de oliva virgen extra para niños.

Fitouri cree que Túnez podría estar a la altura de Italia, en términos de producción, en la próxima década y espera poder seguir desempeñando su papel en el apoyo al sector.

«Quiero dejar algo atrás. Quiero marcar la diferencia», concluyó. «Estoy feliz porque, aunque muriera ahora, la historia no se puede falsificar. Está ahí».