Los productores de aceite de oliva españoles se enfrentan a numerosos retos

Los altos precios han impulsado el sector durante gran parte del último año y medio, pero el aumento de los costes de producción y la sequía persistente hacen prever importantes retos en el futuro.

El aumento de los precios en origen y la creciente demanda han impulsado el sector del aceite de oliva en España durante gran parte del último año. Sin embargo, las últimas semanas han traído consigo noticias que podrían moderar parte del optimismo reciente.

A principios de este mes, Deoleo informó de que sus beneficios en el primer semestre del año se desplomaron un 57 % en comparación con el primer semestre de 2021. El mayor embotellador de aceite de oliva del mundo registró unos beneficios de 6 millones de euros hasta junio de 2022, lo que supone una caída desde los 14 millones de euros del primer semestre del año anterior.

«En el complejo contexto que se vive a nivel mundial, [Deoleo] no solo ha tenido que hacer frente a la normalización del consumo asociada al fin de la crisis sanitaria mundial, sino también al aumento de los precios de las materias primas y a las tensiones sufridas en la cadena de suministro causadas por la guerra en Ucrania o la huelga de transportes en España», explicó la empresa en un comunicado a los medios locales.

Véase también: El aumento de las exportaciones de aceite de oliva impulsa el superávit comercial en Andalucía

Aunque Deoleo y su cartera de marcas saldrán adelante —muchos otros indicadores financieros, desde el EBITDA hasta la deuda financiera neta, así lo indican—, algunas de las tendencias subyacentes que han llevado a la reducción de los beneficios de la empresa deberían preocupar a otros productores en España.

La normalización del consumo encabeza esta lista. Durante los dos primeros años de la pandemia de COVID-19, el consumo de aceite de oliva se disparó en España, ya que los estrictos confinamientos llevaron a la gente a pasar más tiempo cocinando en casa.

Los confinamientos en España comenzaron en marzo de 2020 y se prolongaron hasta mayo de 2021. Durante este periodo, el consumo español de aceite de oliva se disparó hasta alcanzar las 521 600 toneladas en la campaña 2019/20 y las 537 800 toneladas en la 2020/21, las cifras más altas desde la campaña 2013/14.

Sin embargo, el consumo se desplomó hasta las 510 000 toneladas en la campaña 2021/22, la primera campaña completa sin confinamientos y con la reanudación del servicio normal en los restaurantes.

Las encuestas a los consumidores en Estados Unidos —el segundo mayor consumidor de aceite de oliva después de la Unión Europea y un importante importador de aceite de oliva español— también han indicado que, tras dos años de cocinar en casa, los consumidores se sienten «agotados». Más de un tercio de los encuestados añadió que su paciencia en la cocina se encuentra en «su nivel más bajo».

Junto con los indicios de caída del consumo, Deoleo destacó el aumento de los costes como otra razón por la que los beneficios han bajado. Estos crecientes costes de producción abarcan desde la energía hasta las botellas de vidrio.

Según datos de la Unión Europea, los costes de combustible y energía para las empresas se han más que duplicado desde principios de 2021, con un aumento significativo de los precios de la energía atribuido a la invasión rusa de Ucrania.

Los olivicultores y los productores de aceite utilizan energía en todas las fases del proceso de producción del aceite de oliva, desde la electricidad o el combustible de los generadores para hacer funcionar sus almazaras hasta el gas y el diésel que alimentan los tractores, las bombas de agua y otras máquinas de recolección.

Los datos del Banco Central Europeo también muestran que el precio del vidrio ha aumentado de forma constante durante la última década, y que el incremento se ha acentuado en los últimos 12 meses.

Desde septiembre de 2021, el precio del vidrio ha subido un 16 % en la Unión Europea. En comparación, los precios del vidrio solo subieron un 14,6 % entre 1995 y 2021.

Del mismo modo, el aumento de los precios de los fertilizantes, los pesticidas y las piezas de recambio para tractores y equipos de molienda ha mermado los beneficios de los productores, no solo en España, sino también en el resto del mundo productor de aceite de oliva.

Decenas de productores entrevistados por Olive Oil Times desde principios de 2022 afirmaron que, hasta ahora, habían intentado no repercutir estos precios a los consumidores. Sin embargo, advirtieron de que esto podría cambiar si los costes de producción no comienzan a descender.

Además del aumento de los costes de producción, los productores españoles se enfrentan también a una sequía devastadora que ha reducido las previsiones de producción a apenas 1 millón de toneladas en la campaña 2022/23.

Si estas previsiones se confirman, la actual campaña sería la peor que ha vivido España desde 2014/15, cuando el país produjo tan solo 842 200 toneladas de aceite de oliva.

Aunque aún faltan unos dos meses para que comience la cosecha, y unas lluvias oportunas de aquí a entonces podrían cambiar drásticamente el panorama, algunos daños a la cosecha actual ya son irreversibles.

La falta de lluvias en toda la Península Ibérica —la agencia meteorológica española anunció recientemente que este verano ha sido el más seco de la historia— ha provocado la desecación de los olivos en toda España.

Aunque el olivo es un cultivo notoriamente resistente a la sequía, sigue necesitando lluvias oportunas para que se forme el contenido de aceite de las drupas. Cuando el árbol no recibe suficiente agua, deja caer sus aceitunas para conservar el agua.

Como resultado, los olivares de secano —que representan alrededor del 68 % de todos los olivares españoles— han sufrido una caída significativa de frutos durante el verano. El racionamiento de agua también ha afectado a los olivares de alta densidad y superalta densidad, prácticamente todos ellos de regadío.

Ante la previsión de una cosecha más escasa, las autoridades de las zonas más dependientes del cultivo del olivo se apresuran a mitigar la posible devastación económica.

La Diputación Provincial de Jaén, una provincia andaluza que produce una media de 600 000 toneladas de aceite de oliva al año, aprobó recientemente un plan de empleo de 10 millones de euros para compensar los salarios que perderán los recolectores de aceitunas durante la próxima cosecha.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, 350 000 agricultores del país se dedican al cultivo del olivo. Estas explotaciones sustentan otros 15 000 puestos de trabajo en el sector, que suman un total de 32 millones de euros en salarios cada año.

Las autoridades de Jaén y otras zonas de Andalucía están preocupadas por el efecto dominó de la pérdida de ingresos derivada de la mala cosecha prevista. Están trabajando en planes para impulsar el turismo y otros sectores de la economía con el fin de ayudar a mitigar las consecuencias negativas de una mala cosecha.

Si bien un 2021 positivo y un buen comienzo de 2022 demostraron la fortaleza y el potencial del sector del aceite de oliva en España, se avecinan tiempos difíciles. Los agricultores, productores y consumidores deben estar preparados.