El cambio climático está afectando a la producción de aceite de oliva en Andalucía

Los expertos señalaron que los agricultores y productores deben invertir en infraestructuras de riego modernas y prevenir la degradación del suelo para mitigar los efectos del cambio climático sobre los productores españoles.

Un nuevo estudio encargado por COAG, una asociación de agricultores y ganaderos, calcula que el cambio climático ya ha reducido la facturación agrícola anual en España en un 6 %, lo que supone una pérdida de 550 millones de euros.

El estudio advierte de que es probable que las pérdidas anuales aumenten según las previsiones climáticas actuales.

El agua es el recurso más necesario y escaso del que dispone cualquier tipo de olivarero. Por lo tanto, gestionar el agua adecuadamente es vital.– Juan Vilar, consultor estratégico

Según la investigación, el 80 % de Andalucía podría volverse inhóspito para algunas variedades de secano —entre ellas la Hojiblanca y la Manzanilla— si las temperaturas globales superan en 2 °C la media preindustrial antes de 2050.

El estudio añade que la prodigiosa Picual probablemente mantendría su capacidad de producción en la región del sur de España.

Véase también: Un plan para descarbonizar Europa

Sin embargo, si las temperaturas superficiales superaran los 2,5 °C, incluso la Picual se vería muy afectada, con una pérdida de producción estimada del 83 % en Sevilla, del 72 % en Cádiz, del 41 % en Córdoba, del 16 % en Jaén y del 5,7 % en Granada.

«Lo que hicimos fue examinar, recopilar y reunir una gran cantidad de información científicamente sólida procedente de múltiples fuentes con el objetivo de comprender hacia dónde nos dirigimos», explicó a Olive Oil Times Pablo Resco, agrónomo y director de riesgos agrícolas de COAG.

«Los efectos del cambio climático son diferentes en cada cultivo, pero también pueden afectar a diferentes sectores de distintas maneras, y a las personas también», añadió.

«Todo se reduce a la sensibilidad de cada sujeto a los cambios provocados por un nuevo clima», continuó Resco. «Dicha sensibilidad y las capacidades de adaptación relacionadas determinan la vulnerabilidad de la zona, el cultivo o el sector específicos».

Se calcula que en España hay 2,7 millones de hectáreas de olivares, lo que supone más del 20 % de los olivos de todo el mundo. Dentro de España, Andalucía concentra el 60 % de la producción nacional de aceitunas.

Jaén, España

La facturación anual del sector es de aproximadamente 4000 millones de euros, de los cuales 1500 millones proceden de las aceitunas de mesa y 2500 del aceite de oliva.

«Si la actual situación de escasez de agua continúa, se producirá una caída de la producción no solo en España, sino también en el resto del planeta», declaró Juan Vilar, consultor estratégico, a Olive Oil Times.

«Sin embargo, siempre ha habido ciclos de varios años en los que se producen mayores precipitaciones, así como sequías extremas en otras épocas», añadió. «[Lo que está ocurriendo ahora] generará un problema, ya que los fenómenos extremos serán más radicales, dado que hay más olivares plantados, y habrá tanto valles nunca antes producidos como picos nunca antes alcanzados».

Para mitigar los efectos de la creciente escasez de agua en Andalucía, Vilar señaló que los productores tendrían que adoptar nuevas prácticas sostenibles.

Estas van desde el uso de agua reciclada y desalinizada hasta la modernización de los sistemas de riego y la construcción de nuevos embalses, al tiempo que se amplían los ya existentes.

Vilar añadió que los productores también tendrían que adoptar mejores técnicas de gestión del agua, renaturalizar parte de sus tierras de cultivo, practicar la conservación del suelo y prevenir la contaminación del agua.

Para obtener una visión holística de los riesgos para el sector agrícola español, la investigación también se centró en la producción de vino y cereales y en la ganadería. Se prevé que los tres sectores se enfrenten a diferentes retos debido al cambio climático.

El estudio calculó que los fenómenos meteorológicos extremos y la prolongada sequía han supuesto pérdidas de 25 000 millones de euros para la economía española en los últimos 30 años.

Durante este tiempo, las temperaturas han aumentado, en ocasiones a un ritmo superior a la media mundial, y el volumen de precipitaciones ha disminuido. Estas tendencias se han visto agravadas por la urbanización y la gestión del suelo.

Según el estudio, la sequía actual en España causa cada año hasta 1 500 millones de euros en daños, principalmente en los sectores agrícola y energético.

Los investigadores prevén que la sequía y el clima extremo podrían reducir el PIB del país en un 7 % si las temperaturas medias globales aumentan 2 °C. Cualquier estrategia de adaptación dependerá en gran medida del uso del agua.

«El agua es el recurso más necesario y escaso del que dispone cualquier tipo de olivarero», afirmó Vilar. «Por lo tanto, gestionar el agua adecuadamente es vital. El primer paso sería utilizar de forma eficiente lo que ya tenemos. Un segundo paso incluiría la construcción de embalses de retención para mantener el curso biológico de los ríos y afluentes. Cuanta más agua se acumule, mejor».

Vilar cree que la aplicación satisfactoria de estas medidas podría conducir a la expansión del cultivo del olivo en varias regiones de todo el mundo.

«Con esas medidas, los olivares del mundo pasarían de ser un 40 % de secano y un 60 % de regadío a una proporción de 30 a 70, llegando a producir al menos entre 400 000 y 600 000 toneladas más de aceite por campaña», afirmó.

«Por no hablar de las contribuciones sociales, sostenibles y a la biodiversidad, además de las económicas», añadió Vilar.

Además de las adaptaciones medioambientales, Resco cree que también son necesarios cambios estructurales, incluidos los planes de seguros.

«Actualmente se puede suscribir un contrato de seguro basado en la media de los registros de rendimiento de los últimos cinco años», explicó. «Si los registros de rendimiento disminuyen debido al cambio climático, el agricultor seguirá pudiendo suscribirlo, pero tendrá que pagar un precio más elevado».

«Este es un método que no detendrá las consecuencias provocadas por el cambio climático, pero podría suavizar el golpe», añadió Resco.

Además, será necesario estudiar la salud del suelo a medida que aumentan las temperaturas y cambian los patrones de precipitación.

La desertificación y la degradación del suelo afectan a amplias zonas del país, lo que ha llevado al Gobierno de Madrid a relanzar programas para invertir estas tendencias.

«Una de las principales características de la mayor parte de la agricultura española es la pobreza del suelo», señaló Resco.

Considera que los agricultores deben enriquecer sus suelos con materiales orgánicos, lo que ayudará a prevenir la erosión.

Resco añadió que los agricultores podrían hacerlo cultivando cultivos de cobertura entre hileras y adoptando prácticas de labranza más sostenibles.

«Centrarse en la salud del suelo no solo es necesario debido al cambio climático, sino también porque es el método más sostenible para garantizar la agricultura del futuro, no solo para nosotros, sino también para nuestros hijos», afirmó.

Sin embargo, advirtió de que este proceso no sería fácil. Las soluciones agrícolas sostenibles requerirán importantes inversiones de capital y serán diferentes en cada zona.

«Paso a paso nos acercamos a una transición. No es una elección, no es algo que podamos decidir no hacer», añadió Resco.

A pesar de la grave situación en la que se encuentran muchos de los olivareros españoles, Resco destacó que hay mucho margen para la mitigación.

Sin embargo, la mitigación no sustituirá a las estrategias nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, en última instancia, capturar el carbono.

«Tomar medidas urgentes hoy para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 ºC es más eficiente y menos costoso», afirmó Miguel Padilla, secretario general de COAG.

«La prevención del cambio climático no solo nos ayudará a proteger nuestra agricultura y nuestra economía, sino que también garantizará que un verano eterno no seque nuestra gastronomía, nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra identidad», concluyó.