Una investigación revela el papel de los polifenoles en la inhibición de la metástasis del cáncer

Unos científicos españoles han investigado el papel del oleocanthal y la oleaceína en la modulación de la angiogénesis, que está directamente relacionada con la progresión de diferentes tipos de tumores.

Científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga y de la Plataforma de Nanomedicina han publicado un estudio en el que se analiza el papel del oleocanthal y la oleaceína en la modulación de la angiogénesis, la formación de nuevos vasos sanguíneos, lo cual está directamente relacionado con la progresión de diferentes tipos de tumores y la metástasis del cáncer.

El oleocanthal y la oleaceína, compuestos fenólicos relacionados con los secoiridoides, se encuentran en el aceite de oliva virgen extra. Ambos compuestos son conocidos por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y han sido objeto de numerosas investigaciones científicas.

Secoiridoides

Los secoiridoides son una clase de productos naturales derivados de los monoterpenos. Son metabolitos secundarios que se encuentran comúnmente en las plantas, especialmente en la familia de las Oleaceae, que incluye al olivo. Estos compuestos suelen poseer una amplia gama de actividades biológicas, entre las que se incluyen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y anticancerígenas.

La oleuropeína y el ligstrósido, por ejemplo, son secoiridoides que se encuentran en las hojas de olivo y en el aceite de oliva. Se cree que estos compuestos contribuyen a los beneficios para la salud de la dieta mediterránea, que incluye el consumo regular de aceite de oliva. Desempeñan un papel en las propiedades cardioprotectoras y antiinflamatorias del aceite de oliva.

Sin embargo, las investigaciones pre­vias sobre sus efectos en la angio­ge­ne­sis eran li­mi­tadas. El nuevo estudio pretende subsanar esta lacuna explorando las prop­riedades anti-angio­ge­né­sicas de los comp­ue­stos, tanto in vitro como in vivo.

La angiogénesis, el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos a partir de los ya existentes, es crucial para el crecimiento y la supervivencia de los tumores sólidos.

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La angiogénesis tumoral implica el desarrollo de vasos sanguíneos en la masa cancerosa para suministrar nutrientes y oxígeno, lo que favorece el crecimiento tumoral y la metástasis. Los inhibidores de la angiogénesis se consideran un medio para complementar otras terapias y prevenir el desarrollo de tumores malignos.

La terapia antiangiogénica, aunque no es una cura, es eficaz para destruir los tumores, ya que el suministro vascular es esencial para su crecimiento.

Este enfoque ofrece ciertas ventajas en comparación con métodos no específicos, como la quimioterapia y la radioterapia, al reducir la toxicidad y la resistencia a los fármacos y proporcionar un tratamiento tumoral a largo plazo menos tóxico.

La angiogénesis implica varias etapas, y la interrupción de cualquiera de ellas puede frustrar el proceso. Se descubrió que la oleaceína y el oleocanthal inhiben la invasión de las células endoteliales (las células que recubren las paredes internas de los vasos sanguíneos), lo que se correlaciona con una disminución de la actividad de la MMP-2, una enzima que degrada la matriz extracelular, lo cual es crucial durante la angiogénesis.

Mediante un ensayo que implicaba la formación de estructuras similares a vasos sanguíneos sobre Matrigel, los investigadores demostraron que la oleaceína y el oleocanthal interfieren en la formación de estructuras tubulares por parte de las células endoteliales de forma dependiente de la dosis. Incluso a dosis micromolares bajas (no tóxicas para dichas células), la inhibición superó el 50 %.

Cabe destacar que estos compuestos no afectaron a las estructuras tubulares preexistentes, lo que implica que interrumpen la formación de nuevos vasos a través de la angiogénesis sin afectar a los ya establecidos. Esta característica los hace más adecuados como fármacos antiangiogénicos, ya que son más seguros para los vasos sanguíneos existentes y bien establecidos.

Los resultados sugieren el potencial del oleocanthal y, en particular, de la oleaceína como agentes antiangiogénicos.

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Los investigadores creen que, si bien se justifican más estudios preclínicos y clínicos, estos hallazgos abren nuevas vías de investigación para el desarrollo de estrategias terapéuticas que incluyan estos compuestos naturales.

También creen que los posibles beneficios de la oleaceína y el oleocanthal van más allá del tratamiento del cáncer, lo que los convierte en candidatos interesantes para abordar muchos problemas de salud relacionados con la angiogénesis, como la psoriasis, la artritis, la ceguera y numerosas enfermedades raras.

«La oleaceína y el oleocanthal se han propuesto como buenos candidatos para la angio-prevención y como base para futuros estudios de modulación de la angiogénesis en intervenciones clínicas, así como para declaraciones de propiedades funcionales de interés para la industria alimentaria por sus beneficios para la salud», afirmó Ana Dacil, autora principal del estudio.

También señaló que esto resulta atractivo para la industria desde el punto de vista comercial debido a la creciente concienciación sobre el aceite de oliva virgen extra como alimento funcional.

«Este tipo de estudio refuerza los beneficios para la salud del aceite de oliva virgen extra, convirtiéndolo en uno de los principales alimentos que sustentan nuestra dieta mediterránea y ayudando en la prevención y el desarrollo de diversas enfermedades», afirmó Miguel Ángel Medina, profesor de bioquímica y biología molecular de la Universidad de Málaga.

Aunque la concentra­ción de compu­estos fe­no­les en el aceite de oliva virgen extra varia en función de varios factores, como la región de origen, la variedad de aceituna, el estado de maduración del fruto y el proceso de extracción, el consumo diario medio de 40 mililitros (aproximadamente cuatro cucharadas soperas) de aceite de oliva virgen extra de alta calidad contiene un mínimo de 10 miligramos de oleaceína y alrededor de 25 miligramos de oleocanthal.

El oleocanthal, responsable de muchas de las notas picantes y amargas de los aceites de alta calidad, tiene propiedades antiinflamatorias y potencial anticancerígeno, y se ha demostrado que confiere protección contra diversas enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

La oleaceína, por su parte, posee propiedades antioxidantes, hipotensoras y antiinflamatorias. Este polifenol ha demostrado tener una actividad beneficiosa sobre el sistema cardiovascular. Los estudios han sugerido que el compuesto podría incluso ayudar al organismo a reparar los tejidos dañados por un infarto —muerte tisular debida a un suministro sanguíneo inadecuado—.