Un tercio de la producción mundial de aceite de oliva procede de la agricultura intensiva

Un informe reveló que los olivares de alta densidad representan el 3 % de la superficie cultivada, pero el 36 % de la producción de aceite de oliva.

Una pequeña parte de la superficie olivarera mundial produce más de un tercio de todo el aceite de oliva, gracias a los enormes rendimientos de los olivares de densidad muy alta. Según los expertos, es probable que aumente la proporción de aceite de oliva producido por estos olivares.

Un informe publicado por la empresa española de viveros Agromillora indica que aproximadamente el 3 % de las hectáreas dedicadas al cultivo del olivo en el mundo son olivares de densidad muy alta. Aun así, su rendimiento ha aumentado hasta alcanzar el 36 % de la producción mundial de aceite de oliva.

Los olivares de densidad muy alta, también conocidos como olivares en seto, cuentan con unos 1.600 olivos por hectárea. Los árboles se plantan a aproximadamente un metro de distancia entre sí, en hileras de tres a cuatro metros de ancho. Su gestión está totalmente mecanizada.

Según el estudio de Juan Vilar Strategic Consultants, hay 11,6 millones de hectáreas de olivares repartidas por 66 países. De estas, 400 000 hectáreas son de densidad superalta.

Véase también: La producción mundial de aceite de oliva alcanzará los 4,4 millones de toneladas en 2050, según previsiones de expertos

Según Agromillora, este enfoque permite una mayor productividad y menores costes de mano de obra gracias a la alta mecanización, la entrada temprana en producción y la eficiencia en la cosecha.

Debido a su dependencia de la disponibilidad de agua y a los paisajes mayoritariamente llanos, no todos los olivares pueden plantarse con este enfoque. Cuando sea posible, los productores pueden adoptar variedades específicas que han demostrado ofrecer los mejores resultados en este tipo de entorno, como la Arbosana, la Koroneiki o la Manzanilla.

Según Agromillora, la recolección de una hectárea de olivos de densidad muy alta requiere una o dos horas como máximo, con unos costes de recolección reducidos a entre 0,03 y 0,06 € por kilogramo de aceitunas.

«Este tipo de cosecha permite recolectar la aceituna en el estado adecuado de maduración y entregar rápidamente los frutos a la almazara para su transformación, lo que reduce el deterioro que puedan sufrir y los posibles sabores o aromas indeseables en el aceite», señaló la empresa.

Con una plantilla de 44 000 trabajadores a los que se remunera con 90 millones de euros al año, la inversión en olivares de densidad superalta alcanza aproximadamente los 7 000 millones de euros, con una facturación media por cosecha de unos 2 000 millones de euros, lo que supone alrededor del 15 % de los ingresos medios globales.

El informe señala que los olivares de densidad muy alta generan unos 450 millones de euros al año en términos de ingresos fiscales e inversión en la economía local.

Los autores señalaron que el objetivo principal del informe es destacar que el impacto de los olivares de densidad superalta no se limita al rendimiento. El informe sostiene que los olivares de densidad superalta también pueden mejorar la sostenibilidad y la biodiversidad.

«Se ha demostrado científicamente que el olivar en setos es un catalizador de la biodiversidad, ya que, a través de la cubierta vegetal y la optimización de los recursos, especialmente el agua, frena la erosión», señala el informe.

«Con sus 35 000 hectáreas plantadas anualmente (según las estimaciones de las tres campañas agrícolas estudiadas), [dichos olivares] contrarrestan de alguna manera, de forma vegetativa y gradual, los 420 millones de hectáreas de bosque que se han perdido en todo el mundo desde 1990», añade.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con esta conclusión. Un estudio de 2021 de la Universidad de Jaén reveló que los olivares tradicionales capturan más dióxido de carbono que los de densidad muy alta.

Otro estudio, también publicado por la Universidad de Jaén en 2021, concluyó que las prácticas agrícolas intensivas en los olivares suelen provocar una pérdida de biodiversidad al ejercer una intensa presión sobre las plantas, las aves y los insectos.

Un tercer estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España relacionó el cultivo de olivos de densidad muy alta con el aumento de la desertificación en Andalucía, la mayor región productora de aceite de oliva del mundo.

Más allá de las afirmaciones y contraargumentos medioambientales, el informe también reveló que los olivares de densidad superalta son una importante fuente de empleo en las zonas rurales y también combaten el desperdicio de alimentos.

«Allí donde es posible transformar el olivar en un seto, se asienta más población en el territorio que con cualquier otro tipo de cultivo de olivo, y lo que asienta a la gente en el territorio es la riqueza», afirmó Juan Vilar durante la presentación del informe en la feria agroalimentaria Fruit Attraction.

Una vez más, no todo el mundo está de acuerdo con esta conclusión. Investigadores de la Universidad de Jaén declararon a Olive Oil Times que los olivares tradicionales crean más puestos de trabajo durante todo el año —aunque no necesariamente mejores— que los de densidad superalta, debido a la necesidad de cosecha y mantenimiento manuales en los primeros.

Como caso de estudio para ilustrar sus afirmaciones, el informe citó el desarrollo de olivares de densidad muy alta en el Alentejo, la región productora de aceitunas más importante de Portugal.

«El Alentejo ha sido un excelente ejemplo de la compatibilidad de un cultivo económicamente rentable, que permite crear valor en el sector y en la región, con la promoción de indicadores de desarrollo ambiental y social», señala el informe.

«Es decir, con un impacto significativo en la captura de carbono, en la prestación de servicios ecosistémicos y en la estabilización de la población en el territorio», añade. «Tras la implantación de estas plantaciones, por campaña, se ha creado la oportunidad de un trabajo estable y permanente para más de 700 personas».

«Por primera vez, el sector del aceite de oliva cuenta con una herramienta competitiva, el olivar en seto, para producir aceite de oliva virgen extra con costes sostenibles y ganar cuota de mercado frente a otras grasas vegetales», concluía el informe.