El sector del aceite de oliva de Sudamérica celebra sus logros y analiza los retos

Profesionales del sector se reunieron en Montevideo (Uruguay) con motivo de la segunda Conferencia Latinoamericana del Aceite de Oliva.

MONTEVIDEO, Uruguay – Mientras los olivos florecen por todo el hemisferio, 160 agricultores, molineros, investigadores, estudiantes, funcionarios públicos y miembros del sector del aceite de oliva de cinco países se reunieron en Montevideo, Uruguay, para de­bater los retos y opor­tu­ni­dades a los que se enfr­entan los pro­du­ctores de ace­ite de oliva en Sudamérica.

El evento, de tres días de duración, comenzó en el Laboratorio Técnico de Uruguay con una ceremonia de entrega de premios a los ganadores de la primera edición específica para el hemisferio sur de los premios Mario Solinas a la calidad del aceite de oliva, organizados por el Consejo Oleícola Internacional.

Al día siguiente, el director ejecutivo del COI, Jaime Lillo, inauguró la segunda Conferencia Latinoamericana del Aceite de Oliva en la nueva sede de Antel, la empresa estatal de telecomunicaciones de Uruguay.

Véase también: Las victorias en concursos mundiales traen alivio a los productores del Cono Sur

«Aquí hay energía», afirmó. «Latinoamérica está viviendo un momento de auge del aceite de oliva, y estas conferencias son importantes. Hay pasión y dedicación a la calidad, y una visión de futuro».

Sin embargo, Lillo instó a los pro­du­ctores su­dame­ri­ca­nos a afron­tar los des­afíos que plantea el cambio clí­ma­ti­co y señaló que la mayor región pro­du­ctora de aceite de olivafuera de la cuenca mediterránea debe basar su éxito a largo plazo en la mejora de la calidad en todas las categorías de aceite de oliva, al tiempo que comunica de manera eficaz la sostenibilidad y los beneficios para la salud del aceite de oliva.

La conferencia hizo hincapié en el papel de la investigación científica a la hora de abordar estas cuestiones. También se prestó especial atención al papel del oleoturismo a la hora de hacer más rentable para los pequeños agricultores un negocio con márgenes notoriamente bajos.

Con ese fin, el ministro de Turismo de Uruguay, Eduardo Sanguinetti, y el decano del departamento de química de la Universidad de la República de Uruguay tomaron la palabra tras Lillo con declaraciones preparadas sobre la importancia del sector.

Antes de ceder la palabra al primer ponente, el presidente de la Asociación Uruguaya del Olivo, Gonzalo Aguirre, dejó claro el mensaje. «La investigación y el desarrollo son necesarios para el éxito del sector», afirmó.

El primer día de la conferencia estuvo marcado por los debates sobre los retos específicos a los que se enfrentan los olivareros sudamericanos y la importancia de hacer hincapié en la calidad ante los consumidores.

Sebastián Sánchez, profesor de ingeniería química en la Universidad de Jaén (España), inauguró la conferencia analizando el inmenso potencial comercial de los subproductos de la producción de aceite de oliva, especialmente los huesos de aceituna.

«El hueso de aceituna tiene un alto contenido energético, unas 4.800 kilocalorías por kilogramo [el contenido energético de la gasolina es de 10.915 kilocalorías por kilogramo], y existe una fuerte demanda para su uso como biocombustible», afirmó.

«El equipo que separa el hueso de la aceituna del resto de la aceituna es la pieza de maquinaria de una almazara que se amortiza más rápido», añadió Sánchez.

También señaló el potencial de Sudamérica para invertir en estas instalaciones con el fin de crear fuentes de ingresos adicionales, y el potencial para crear extra­tos nutraceú­ticos de oleu­ropeína e hidroxi­ti­rosol a partir de las hojas de olivo retiradas durante la poda y sepa­radas durante el proceso de molienda.

Una pareja de investigadores uruguayos —Blanca Gómez e Ignacio Vieitez— reiteraron este punto, señalando que, tras una inversión de unos 2,2 millones de dólares (2,07 millones de euros) en el país anfitrión, podría existir una industria viable dedicada a la producción de piensos, cosméticos e incluso productos farmacéuticos.

Jaime Lillo afirmó que ya se están preparando los planes para la próxima edición de Mario Solinas en el hemisferio sur. (Foto: Manuel Mendoza)

Jaime Lillo afirmó que ya se están preparando los planes para la próxima edición de Mario Solinas en el hemisferio sur. (Foto: Manuel Mendoza)

Otros ponentes debatieron sobre la necesidad de promover y comunicar la calidad a los consumidores del continente, que cuenta con una población de casi 500 millones de personas.

Véronica Aranti, jefa del panel de cata de aceite de oliva de Mendoza e investigadora de la Universidad Nacional de Cuyo, habló sobre la certificación de la mezcla con sede en Arauco como Indicación Geográfica de Mendoza.

«[La IG de Mendoza] marca un antes y un después en Mendoza», afirmó, señalando cómo la disminución del cultivo de aceitunas en la región puso de relieve la necesidad de destacar la calidad.

La evidencia anecdótica de productores destacados de Mendoza ha demostrado que la IG, que entró en vigor en 2022, ha promovido el consumo de aceite de oliva entre los visitantes de esta región vinícola, especialmente entre los brasileños.

Jorge Astudillo, un con­se­l­or de Atacama, Chile, también abordó cómo la certificación de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Valle del Huasco, la primera DOP de Sudamérica, fue un primer paso para promover el consumo de aceite de oliva virgen extra de alta calidad en el país.

«La com­bi­na­ción del clima, el suelo y el agua de la zona, junto con un si­ste­ma de culti­vo tra­di­cio­nal, genera un producto diferente y valioso, lo que se refleja en la alta calidad del producto debido a su contenido en polifenoles, ácidos oleicos y características organolépticas», afirmó.

Sin embargo, advirtió que los productores deberán ser pacientes, ya que el coste de producir aceite de oliva virgen extra con certificación DOP es más elevado que el de otros aceites de oliva virgen extra, y la demanda de productos con DOP sigue siendo incipiente en todo el continente.

Otros investigadores se centraron en algunos de los retos a los que se enfrentan los productores en Sudamérica, más allá de las oportunidades que ofrecen la promoción de la calidad y la economía circular.

Mercedes Arias, investigadora de ingeniería agraria de la Universidad de la República de Uruguay, analizó el impacto potencial de la falta de unidades de refrigeración en los olivicultores.

En una mesa redonda separada, también abordó los retos asociados a la polinización debido a los cambios en los patrones de temperatura y precipitación.

Posteriormente, investigadores de Argentina, Brasil y Uruguay debatieron sobre la importancia de identificar variedades bien adaptadas a los retos climáticos únicos de Sudamérica y cómo podrían comportarse a medida que el clima sigue cambiando.

«Necesitamos preservar y conocer la biodiversidad genética del olivo», afirmó Rogeiro Oliveira, de la Empresa Brasileña de Investigación Agrícola.

Paula Conde, investigadora del Instituto Nacional de Investigación Agrícola (Inia) de Uruguay, destacó posteriormente la necesidad de que los productores uruguayos se centren en olivares de densidad media en lugar de pasar a la alta densidad.

«Estoy convencida de que pasar a la densidad superalta no es una buena idea para nosotros», afirmó. A pesar del menor coste, señaló que el clima de Uruguay no es adecuado para árboles plantados tan juntos debido a los otoños húmedos y a los altos niveles de humedad durante todo el año.

El segundo día de la conferencia se centró en debates sobre tecnologías y técnicas de molienda, la leg­i­s­la­ción y las t­en­den­cias del mercado en torno al aceite de oliva en Sudamérica, el uso del aceite de oliva virgen extra, sus der­iva­dos y oleogeles en la co­ci­na, las infu­siones y la pan­dería, respec­ti­va­mente, y el papel del oleo­turismo para los agri­cul­to­res y los mol­e­dos.

La mañana comenzó con un debate sobre el uso de enzimas en pastas difíciles, lo que ayuda a los molineros a maximizar el rendimiento de aceite de aceitunas de cosecha temprana y alta humedad, al tiempo que se mantiene la calidad.

«El uso de enzimas produce un aceite de oliva con menor acidez libre; no solo buscamos el rendimiento», afirmó Miguel Amarillo, ingeniero de alimentos de la Universidad de la República de Uruguay.

María Lourdes Toujas, una galardonada molinera con operaciones en Uruguay y Argentina, añadió que algunas de las empresas con las que colaboraba habían demostrado que el uso de enzimas tampoco tenía ningún impacto en los perfiles organolépticos de los aceites de oliva virgen extra producidos.

El debate técnico dio paso a una mesa redonda en la que se discutieron algunas de las normativas relacionadas con el aceite de oliva, incluyendo áreas de mejora.

«Una gran laguna que tenemos en Argentina es que la legi­s­la­ción alim­en­taria no con­te­pla­ el an­áli­si­ sen­so­r­ial», dijo Toujas, lo que significa que los productores pueden salirse con la suya etiquetando como «aceite de oliva virgen extra» un aceite que cumple los requisitos fisicoquímicos pero no los sensoriales. «Estamos trabajando para incorporar esto», añadió.

Tras debatir los beneficios para la salud, incluidas las investigaciones recientes sobre el papel protector del aceite de oliva virgen extra en la enfermedad del hígado graso no alcohólico, otra mesa redonda abordó la realidad del mercado en Sudamérica.

Ana Beloto habló de la necesidad de adaptarse a los consumidores, buscando formas de utilizar el aceite de oliva que encajen en la cultura. (Foto: Daniel Dawson)

Ana Beloto habló de la necesidad de adaptarse a los consumidores, buscando formas de utilizar el aceite de oliva que encajen en la cultura. (Foto: Daniel Dawson)

Ana Beloto, una sumiller brasileña especializada en aceite de oliva, afirmó que las empresas que exportan al segundo mayor importador de aceite de oliva del mundo fuera de Europa deben tener en cuenta las normas culturales.

Señaló que la Pascua y la Navidad son fechas clave en el calendario brasileño con un alto potencial para las ventas de aceite de oliva, y que los productores deben aprovechar esto incorporando el aceite de oliva en recetas regionales y educando al sector sanitario y a los minoristas sobre el producto.

«Tenemos que formar a todos los integrantes de la cadena de valor, incluidos los minoristas y los distribuidores», afirmó.

Mónica Bauzá, profesora de agricultura especializada en aceite de oliva de la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina), señaló que la región debe dejar de centrarse en las exportaciones a granel a Europa y pasar a la producción en envases individuales. «Hemos cambiado [en Argentina] y estamos avanzando hacia la calidad», afirmó.

Lyris Marlene Monasterio Muñoz, miembro de la asociación de productores peruanos Pro Olivo, añadió que su país también busca destacar por la calidad y está preparando un estudio de viabilidad para solicitar la certificación DOP para el aceite de oliva virgen extra de Tacna.

Tras la pausa para el almuerzo, se realizaron ponencias sobre el uso del aceite de oliva virgen extra en las diversas cocinas regionales de América Latina, el uso de extractos de oleuropeína en infusiones y nuevas aplicaciones para el uso de oleogeles en repostería.

La conferencia concluyó con una mesa redonda en la que participaron ponentes de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, quienes debatieron las posibilidades y los retos en torno al oleoturismo.

María Isabel Hagg, de la Universidad Nacional del Sur de Argentina, señaló que el oleoturismo apenas está comenzando a arraigarse en Argentina, pero que podría seguir los pasos del ya consolidado enoturismo.

Añadió que ya se están creando rutas turísticas específicas del aceite de oliva en Mendoza, Córdoba, Catamarca y la provincia de Buenos Aires.

Por su parte, Alejandra Cabrera, del Ministerio de Turismo de Uruguay, argumentó que el turismo podría utilizarse como herramienta para desarrollar la producción de aceite de oliva mediante el apoyo y el fortalecimiento de la infraestructura en torno a las fincas y almazaras y, con el tiempo, el desarrollo de rutas del aceite de oliva similares a las que se encuentran en Argentina.

Desde el punto de vista chileno, Astudillo, el consultor, volvió al escenario y afirmó que Chile cuenta con todo lo necesario para un sector de oleoturismo sólido, pero que era necesario hacer más para desarrollar rutas del aceite de oliva, similares a las que existen en Argentina y Uruguay.

«Chile está lejos de tener el oleoturismo que tienen Argentina y Uruguay», afirmó. «No contamos con puentes que conecten a los productores de cada valle, pero el potencial existe».

El evento concluyó con el anuncio de que la tercera Conferencia Latinoamericana del Aceite de Oliva se celebraría en Porto Alegre, la capital de Rio Grande do Sul, en 2026.