Gestión responsable y excelencia en García de la Cruz
Cinco generaciones de la familia García de la Cruz participan en su galardonada marca de La Mancha.
Fernando García de la Cruz pasea entre los olivos de su finca cerca de Madridejos, en la provincia de Toledo, en la región de Castilla-La Mancha, en España.
No lo hemos hecho todo nosotros, ni mucho menos. Si quienes nos precedieron no hubieran sentado las bases, sin duda esto no sería como es. —
Los trabajadores están recolectando las aceitunas para los aceites de cosecha temprana. Combinan el tradicional «vareo» —golpear las ramas con un palo largo— con los tractores de recolección más rápidos que sacuden los árboles hasta que los frutos caen sobre las lonas que cubren el suelo.
Estamos en los primeros días de la cosecha y las aceitunas lucen un color verde brillante.
«Recuerdo que cuando tenía 12 años, mi padre solía llevarme a la fábrica durante las vacaciones de Navidad para pesar aceitunas. He crecido en este sector. Lo vi en mi padre, lo vi en mi abuela. Ellos lo vieron en sus antepasados», cuenta De la Cruz a Olive Oil Times.
Junto con su hermano Eusebio, Fernando es el director general de García de la Cruz. Su empresa se fundó en 1872. Ahora, casi 150 años después, sigue siendo un negocio familiar.
«La empresa fue fundada por mis tatarabuelos. Podemos decir que somos una de las almazaras más antiguas de España. Somos la quinta generación de olivareros y almazareros», afirma Fernando con orgullo.
Hace unos años, Eusebio se trasladó a Nueva York con el fin de internacionalizar la empresa. Además de una delegación en la costa este, la empresa cuenta con una oficina comercial en Portland.
Los olivares de García de la Cruz se encuentran en una zona donde las llanuras de La Mancha, en el centro de España, se unen con las estribaciones de la sierra de Toledo.
Los almendros, los cereales y los viñedos se alternan con los olivares. Las colinas cercanas están coronadas por molinos de viento encalados y el magnífico castillo de Consuegra domina el paisaje.
Aunque muy por detrás de Andalucía, La Mancha es la segunda región productora de aceite de España.
Esta es la tierra de la Cornicabra, la variedad más típica de la zona. El 90 % de la finca de 400 hectáreas de García de la Cruz cultiva esta variedad.
«La variedad Cornicabra de nuestra región está amparada por la Denominación de Origen Protegida de la Sierra de Toledo. Presenta características muy especiales, como un alto contenido en polifenoles y oleocanthal. Esto hace que el aceite de esta variedad sea uno de los más estables y saludables del mundo», explica García de la Cruz.
Su aceite Master Miller García de la Cruz ganó el premio Best in Class en el Concurso Mundial de Aceite de Oliva NYIOOC 2019 por su mezcla orgánica de Arbequina, Picual, Hojiblanca y Cornicabra.
«El 100 % de nuestros olivares son ecológicos», afirma García de la Cruz.
De hecho, buena parte de las tierras de la empresa se encuentran dentro de los límites de un espacio de protección especial para aves silvestres perteneciente a la red Natura 2000, un conjunto de espacios protegidos repartidos por toda la Unión Europea.
«Este aceite se produce en una zona donde se promueve el respeto por la biodiversidad. Para nosotros es muy importante que haya vida en el subsuelo de los olivares. Debemos dejar este tipo de olivar a nuestros hijos en condiciones excepcionales», sugiere García de la Cruz.
Además de cultivar y tratar sus olivos según las normas ecológicas, hace algunos años la empresa comenzó a producir sus propios abonos ecológicos utilizando como base el orujo o alperujo —un subproducto del proceso de molturación de la aceituna que consiste en lo que queda de las aceitunas una vez extraídos el aceite y las semillas—.
«Estamos muy satisfechos con estos productos, que nos permiten reutilizar y reciclar parte de los residuos de la producción de aceite de oliva», afirma García de la Cruz.
También destaca la importancia de ahorrar agua en una zona con una media anual de precipitaciones de tan solo 200 litros por metro cuadrado.
«Regamos el 30 % de nuestros olivares. Pero estamos en la “España seca”. Esto nos hace ser conscientes de la necesidad de utilizar el agua de forma inteligente. Hemos instalado sensores bajo el suelo, a diferentes profundidades, que nos indican el grado de humedad y nos ayudan a ahorrar agua», explica García de la Cruz.
Cuando se le pregunta por el futuro de su empresa, García de la Cruz echa la vista atrás a la historia de su familia, como si la respuesta estuviera en su larga tradición como productores de aceite de oliva.
«Somos la quinta generación. La sexta se está preparando. Ya están en la universidad. Y mi mayor esperanza sería dejar todo esto a mis hijos y a mis sobrinos para que continúen lo que han hecho las cinco generaciones anteriores», nos dijo.
«No lo hemos hecho todo nosotros, en absoluto. Si quienes nos precedieron no hubieran sentado las bases, sin duda esto no sería como es».