Harvard organiza un foro sobre cómo alimentar al planeta en tiempos de cambio climático

En un foro celebrado en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard se debatieron las formas de preservar los recursos alimentarios en situación de riesgo, que se han visto amenazados por el cambio climático, así como las repercusiones para las poblaciones de los países en desarrollo.

El martes 13 de diciembre tuvo lugar en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard un foro titulado «El futuro de la alimentación: alimentar al planeta en tiempos del cambio climático», organizado conjuntamente con el programa de Public Radio International «The World» y WGBH.

Los ponentes eran académicos, investigadores y expertos: el profesor adjunto de Salud Ambiental y Desigualdades en la Exposición de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard; Margaret Walsh, ecóloga sénior de la Oficina del Programa de Cambio Climático del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA); Calestous Juma, catedrático de Práctica del Desarrollo Internacional en la Escuela Kennedy de Harvard; y Caleb Harper, investigador principal y director de la Iniciativa de Agricultura Abierta del MIT Media Lab.

El tema central de este evento fue cómo seguiremos alimentando al planeta a la luz del cambio climático y del «monstruo demográfico», es decir, la estimación de que en 2050 habrá 9 700 millones de personas habitando la Tierra.

Las principales preguntas planteadas tanto por el ponente como por el público giraron en torno al crecimiento demográfico, la tecnología, la nueva administración de Trump, los OMG, la disminución de los recursos pesqueros y el cambio hacia una dieta más basada en vegetales.

En cuanto a la superpoblación y la sostenibilidad alimentaria, Adamkiewicz introdujo el tema señalando que hay 7 000 millones de personas en la Tierra y que, para cuando una persona nacida en EE. UU. alcance la edad de votar, la Tierra podría albergar a 8 000 millones de personas, la mayoría de las cuales vivirán en las ciudades. «Alimentar a esta población de forma sostenible, asequible y equitativa será todo un reto», admitió.




Walsh destacó que hoy en día hay 800 millones de personas desnutridas en el mundo y que, según algunas estimaciones, 2 000 millones de personas no reciben los nutrientes suficientes, a pesar de que la humanidad desperdicia entre una cuarta parte y la mitad de los alimentos que produce.

«En los años 70, la pregunta era: ¿cómo alimentamos a toda la población? Ahora, la pregunta es: ¿cómo la alimentamos de una forma más sostenible y optimizando los recursos?», continuó Harper.

Juma centró la conversación en los países en desarrollo y en el impacto (subestimado) del cambio climático en la producción alimentaria de esos países.

«La mayoría de los estudios se centran en los rendimientos de cultivos específicos y rara vez tienen en cuenta las decisiones de los agricultores. Un ejemplo es Brasil, donde los agricultores tienen dos cosechas al año, pero, ante el aumento de las temperaturas, pueden reducirlas a una sola cosecha anual, lo que conlleva una reducción significativa de la producción».

Juma señaló que, en zonas secas y áridas como África, la población está abandonando por completo la agricultura y que este abandono a gran escala está aumentando mucho más rápido que el ritmo al que los centros agrícolas desarrollan nuevas variedades.

Walsh también señaló que un aspecto que tradicionalmente se ha pasado por alto en el debate sobre la alimentación y el cambio climático es la seguridad alimentaria. «La seguridad alimentaria ha avanzado mucho en los últimos 25 años, ya que el porcentaje de personas desnutridas en todo el mundo se ha reducido del 19 al 11 por ciento, uno de los mayores logros de la humanidad», afirmó.

«Sin embargo, el sistema de producción es muy sensible al clima. Por ejemplo, un pico de calor durante la fase de polinización de un cultivo puede destruirlo en medio día».

Entonces, ¿cómo podríamos emplear la tecnología para abordar estos problemas? ¿Cuáles serían nuestras últimas fronteras tecnológicas en una agricultura amenazada por el cambio climático?

Harper formuló sus propuestas en términos técnicos. Entre sus sugerencias de carácter tecnológico se encontraban: producir microbiomas vegetales más saludables, o incluso microbiomas sintéticos; emplear satélites, microsatélites o drones para recopilar datos agrícolas sobre el terreno y articular adecuadamente los resultados; comprender la expresión fenotípica de las plantas de una forma mucho más sólida, realizar modificaciones en los genes de las plantas y conseguir que estas modificaciones se transmitan a las siguientes generaciones de plantas.

Harper también habló de un «servidor de alimentos» que ha creado su laboratorio, una pequeña caja capaz de generar un clima independientemente del lugar y que puede liberar a las personas de la «esclavitud climática».

Juma situó la conversación en el contexto de la realidad no tecnológica de África, señalando que, en un continente con infraestructuras deficientes, el mayor reto tecnológico podría consistir en desarrollar las capacidades humanas y formar a los jóvenes agricultores de forma dinámica. «Los jóvenes africanos no están huyendo de la agricultura, están huyendo de la pobreza», afirmó.

«La humanidad ha disfrutado de un clima estable a lo largo de los 10 000 años de historia de la agricultura, pero ahora estamos entrando en un nuevo período de inestabilidad climática y es en esto en lo que debería centrarse la tecnología», señaló Walsh.

Adamkiewicz, por su parte, señaló la necesidad de pasar de los sistemas convencionales a otros que sean sostenibles, y de apoyar a los agricultores y productores que «están haciendo lo correcto» desde el punto de vista tecnológico, probablemente mediante préstamos para pequeñas empresas.

«Quiero sacar a relucir el elefante que hay en la habitación», dijo Thomson en un momento dado. «La administración Trump… ¿cambiará todo lo que hacéis? Me refiero a que niegan el cambio climático y no se centran en la innovación, sino que prefieren recrear una imagen de la agricultura de EE. UU. tal y como era hace 40 o 50 años… ¿Qué opináis?

A excepción de Walsh, que afirmó que no podía especular porque la transición aún está en una fase muy temprana, el resto de ponentes expresaron su opinión.

Adamkiewicz señaló que hay hechos innegables que apuntan a la realidad del cambio climático, siendo las sequías en el Medio Oeste de EE. UU. un claro ejemplo de ello. «El Misisipi estaba a un nivel tal que no se podían mover las barcazas, y tenemos que poner de relieve estos ejemplos», afirmó.

Harper señaló que, «en su opinión», dar una importancia excesiva a la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) forma parte de la agenda del Partido Republicano, y Juma afirmó que los líderes de los países africanos han dejado de confiar en los acuerdos internacionales tras los resultados discutibles de Copenhague, Dublín y Cancún. «Han comprendido que deben poner orden en su propia casa», declaró Juma.

El foro en línea brindó a la audiencia la oportunidad de formular preguntas a los ponentes. El público se mostró preocupado por los OMG, una dieta más basada en vegetales y la disminución de los recursos pesqueros a nivel mundial.

En cuanto a los OMG, los expertos dieron respuestas contrarias a la creencia popular. «No disponemos de un gran conjunto de pruebas que demuestren que los OMG sean tan perjudiciales», respondió Adamkiewicz, y desvió la atención hacia la combinación de variedades de cultivos con pesticidas. Harper adoptó el mismo enfoque.

«Todo lo que habéis comido durante los últimos 15 000 años de agricultura es transgénico. ¡El maíz ya no es lo que era, la agricultura no es natural! Necesitamos un debate más profundo sobre lo que significa “natural”», afirmó, mostrándose más preocupado por la calidad de los alimentos que por sus modificaciones.

«¿Cómo podemos animar a la gente a adoptar una dieta más basada en vegetales?», preguntó un miembro del público.

Para Adamkiewicz, esta retórica es una cuestión de privilegio y se inclina principalmente hacia el lado del consumidor y las elecciones personales.

«Un tercio de la superficie terrestre del mundo está cubierto por un tipo de terreno que no es apto para nada más que para la producción ganadera», señaló Walsh, defendiendo los sistemas mixtos que combinan la producción ganadera y la de origen vegetal.

Para Harper, una proteína de origen vegetal sería una gran solución. Lo único que hay que hacer es mejorar su sabor. «En un futuro lejano, tendremos carne cultivada y modificaremos células para fabricar cuero —algo que ya estamos haciendo— y carne».

En cuanto a la disminución prevista del 50 % en los recursos pesqueros mundiales durante los próximos 20 años, debido a la expansión de la clase media en China y al crecimiento demográfico mundial previsto, Harper habló de cómo se llevará a cabo la piscicultura en los océanos, dentro de grandes estructuras flotantes, y Adamkiewicz instó a la humanidad a comer algo más que salmón, gambas y atún.

Walsh aprovechó el debate para informar al público sobre los cambios en la acidez y la salinidad de la red trófica oceánica debidos al cambio climático.

Al final del acto, Thomson pidió a los ponentes que nos dieran su reflexión final.

Adamkiewicz se centró en la realidad del cambio climático y en la necesidad de aceptarlo sin que ello afecte a la economía ni al bienestar de las personas.

Walsh afirmó que el cambio climático es importante y que afecta a los estadounidenses porque viven en un sistema alimentario integrado a escala mundial.

Harper expresó su esperanza de que la próxima generación de agricultores no solo sean agricultores al uso, sino también agricultores-ingenieros mecánicos, agricultores-ingenieros eléctricos y agricultores de datos, y de que se produzca una ampliación de la definición de la agricultura para abarcar todas las disciplinas.

Por último, pero no por ello menos importante, Juma predijo que la seguridad alimentaria se convertirá en seguridad nacional, una especie de prioridad nacional en todo el mundo. «Esto sacará a relucir muchos más temas tabú», afirmó Juma.