`Un estudio innovador analiza la pérdida de suelo en los olivares andaluces

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Un estudio innovador analiza la pérdida de suelo en los olivares andaluces

Febrero 21, 2012
Pandora penamil peñafiel

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Un estudio conjunto del Instituto de Agricultura Sostenible y la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, analizó la pérdida de suelo en algunos olivares en Montefrío (Granada), plantados hace 250 años en áreas inclinadas para cuantificar la pérdida causada por la erosión del agua y analizar la diferentes tipos de manejo del suelo.

Los resultados, publicados en la revista Agriculture, Ecosystems and Environment, indican una pérdida promedio de entre 29 y 47 toneladas por hectárea por año durante ese período, lo que representa una pérdida del 29 al 40 por ciento del suelo fértil.

El objetivo del proyecto era estudiar la evolución de los diferentes métodos de manejo del suelo y ver cómo esto había influido en la evolución de la pérdida de tierras. Lo que hace que este estudio de oliva sea pionero es que nunca antes los científicos habían analizado el proceso de erosión en un período de tiempo tan amplio. Para lograrlo, los científicos utilizaron una combinación de mediciones experimentales de erosión acumulativa, modelado de procesos erosivos y documentación de fuentes históricas.

Pérdida insostenible

Según el estudio, durante los siglos XVIII y XIX, el manejo del olivar basado en la labranza animal estaba lejos de ser sostenible. Los agricultores perdieron terreno fértil a gran velocidad: entre 13 y 31 toneladas por hectárea por año, un proceso insostenible que excedió la tasa de formación del suelo.

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Además, la intensidad de la erosión aumentó dramáticamente en los años 80 con la intensidad del cultivo debido al equipo de manejo mecanizado que hizo que el suelo quedara desnudo en los senderos del olivar. Aunque los resultados varían en varios factores (por ejemplo, la pendiente del olivar examinado), se sabe que hubo un promedio de pérdida de entre 29 y 47 toneladas de suelo por hectárea por año durante ese período.

Los investigadores establecieron ocho períodos (que van desde 1752 hasta 2009) dependiendo del tipo de labranza con la que se manejó el olivar. De esta forma, podrían cuantificar la pérdida de suelo mediante el manejo del cultivo a través de modelos de simulación de erosión, lo que les permitió obtener un gráfico de las pérdidas acumuladas de suelo durante 250 años.

Gracias a la colaboración de agrónomos e historiadores ambientales, los científicos observaron patrones históricos con variaciones considerables.

El período de mayores pérdidas se produjo entre 1980 y 2000 debido a la falta de cultivos de cobertura, el uso de herbicidas y el manejo cada vez más intensivo. Sin embargo, el período comprendido entre 1935 y 1970 tuvo la menor tasa de erosión, en parte debido al uso del suelo para el cultivo de cereales debido a la gran demanda durante el régimen autocrático de Franco. En términos relativos, podríamos decir que durante este período de tiempo, el área de estudio había perdido entre 29 y 40 por ciento de su suelo fértil.

Sin embargo, el cultivo no se vio afectado por este proceso de erosión, sino que, por el contrario, su productividad aumentó con el tiempo debido a las mejores prácticas agronómicas. Esta disparidad entre la productividad y la erosión podría ser la razón por la cual nunca ha habido una conciencia de los efectos de la erosión del suelo, lo que puede conducir a la pérdida de la fertilidad a largo plazo de una granja.

El estudio fue coordinado por investigadores del IAS-CSIC: José Alfonso Gómez Calero y Tom Vanwalleghem (ahora en la Universidad de Córdoba), en colaboración con el grupo Transformación Agraria, Cambio Social y Articulación Política en Andalucía Oriental, dirigido por el profesor Manuel González de Molina, de la Universidad Pablo de Olavide.

Aunque la pérdida de suelo debido a la degradación es un problema que enfrentan muchos países mediterráneos, se sabe muy poco sobre las tendencias en la erosión a largo plazo y sus efectos sobre la sostenibilidad del olivar. Los resultados de este estudio proporcionan una mejor comprensión de la evolución histórica de la gestión de los olivares, al tiempo que advierte la necesidad de mejorar los sistemas agrícolas más allá de las prácticas tradicionales para la producción sostenible de aceitunas en las zonas de montaña.



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